11 dic 2014

La locura de ser mejor amigo - Parte 2

Ella tenía un secreto. Él lo cuidaba como si fuera su guardián.

Andrés abrió su armario. Lo miró de izquierda a derecha y derecha a izquierda.
- La camisa azul se vería muy bien para la ocasión. - Dijo Inés, quien estaba al lado de Andrés vestida de rojo. Andrés saco la camisa con un pantalón negro.
- No puedo creerlo -
- Ni yo Andrew, ni yo -

Hace unas horas, Andrés había recibido la noticia. No solo la había recibido, la había presenciado. Eso había sido la causa de su falta de sueño y su aumento de hambre. Intentaba no cerrar los ojos para evitar ver lo que había quedado guardado en su memoria.    

¿Pero cómo olvidar ese momento? Ella. Ahí, tendida en el asfalto, con una mirada distante, lágrimas en sus ojos, sus labios entre abiertos, su camisa rosa llena de orificios y justo debajo de ella, un río de sangre. ¿Quién lo habría hecho? ¿Por qué lo habrían hecho? ¿Por qué ella? Constantemente se lo había preguntado en voz alta cuando llegó a su casa.

-  Porque estaba ahí... déjate de preguntar tanta cosa y vístete que tengo que pedirte un favor. - Pero Andrés se sentó desconsolado en la cama.
- ¿Quién te hizo eso Inés? ¿Quién fue tan despiadado? - Inés se sentó en la cama de Andrés.
- Se me olvida que ya no me oyes, ni me ves... pero... ¿acaso me sientes? - Inés tocó la mejilla de Andrés. Andrés volteó su cara y tocó su mejilla. - ¡Perfecto! Te tengo una misión, ¿recuerdas aquel secreto? -

Y ahí, como si aún no se hubiese desvanecido su conexión, como si ella le estuviera hablando, como si ella estuviera moviendo las manos, Andrés recordó ese día...

Cierto día de verano y cansada de besar Impostores, Inés se encontró con Andrés para mostrarle lo que se convertiría en uno de sus compañeros incondicionales.
- ¡Y con esto voy a olvidar al hombre I! -
- Pues olvidarlo no, pero imagino que gozarás mucho -
- Eso espero - Dijo Inés poniendole las pilas. Seguidamente, prendió el aparato rosa y sintió su movimiento... - Está como para gritaaaaarrr.... - Ambos rieron - ¡No puedes decirle a nadie! - Apagó aquella herramienta.- ¡Absolutamente a nadie! ¡Haz pinky promise! - Dijo subiendo su meñique derecho.

Primero lo disfrutó mucho. Después las horas eran pocas y su hambre se tornó infinita y finalmente... recordó Andrés las exactas palabras que dijo Inés:
- Pues es que eso no es lo mismo. Hacen falta las caricias y los besos, y... no sé... el sentirse conectado con alguien... mejor dicho, no calma todas mis ganas... además, me hace añorarlo, ¿y para qué añorar personas que no lo quieren a uno? ¿Que ni siquiera lo valoraron?-
- Bueno, bueno, no hablemos más de ello - Andrés la había interrumpido.

- ¿Y bien? - Andrés parpadeó volviendo a la realidad, como si hubiera escuchado a Inés decir aquella petición. - Tienes que volver por él a mi casa antes de que lo encuentren mis papás. Tu sabes cómo es, en qué caja está y exactamente cómo lo guardo. -

Andrés miraba el espejo. Estaba solo en su habitación. No había nadie a su alrededor y aún sentía la mirada de Inés clavada en su vestir. Recordó como hablaba de sus nalgas sin mesura alguna y como le rogaba para que bajara su panza de periodista, la cual -tuvo que admitir- era por culpa del ambiente bohemio que había adquirido en el periodismo. Pero eso no era lo que le preocupaba ahora. Ahora en su cabeza solo había un tema por resolver, el consolador.

¿Por qué preocuparse por algo que ya no tenía importancia? ¿Por qué el consolador se había vuelto tan importante para él? ¡No era un buen regalo! ¿O tal vez si? Andrés sintió la necesidad de ir a casa de Inés. Tomó sus llaves y un maletín.

... Continuará .....

9 nov 2014

Por siempre, grandes amigos

Eran él y ella.
Él de ojos claros y piel trigueña. 
Ella de tez pálida y ojos brillantes.
Llevaban a cuestas la vida y creían que su juventud era eterna.
Era él, Andrés, un jóven con grandes ambiciones, 
de buena educación y falta de filtro al hablar. 
Su labor, según él, instruir a los faltos de inspiración. 
Era ella, Inés, de unos veintitantos, alegre, tímida, 
insegura y un tanto desvirolada.
Su labor, según ella, contar cuentos fantásticos...
Eran almas gemelas, 
pero no como aquellas que se encuentran en los cuentos de hadas, 
eran mejores amigos...

Andrés estaba sentado en la misma banca, al lado del mismo lago de hace un año cuando se había encontrado a Inés por primera vez. Ese día, ella llevaba un sombrero con cintas azules y su vestido era fucsia. Su cabello estaba lacio, de color cenizo. Su cara le recordó a una niña de 10 años, sobretodo su nariz mocosa y sus mejillas rojas. Se había acercado a ella porque no aguantó más oír sus sollozos. Inés le dio la espalda una y otra vez mientras él buscaba su cara. Finalmente, sacó un pañuelo que guardaba de hace días en su maletín 

-Mire, está toda mocosa, séquese con mi pañuelo si quiere - Inés se limpió con su mano derecha mientras le daba la cara a Andrés. 
- ¿Y qué? - Andrés seguía con el pañuelo en sus manos. 
- Me llamo Andrés. ¿Se encuentra bien? - 
- Mucho gusto. - Dijo Inés mientras le extendía su mano llena de lágrimas y mocos. Andrés le sonrío y le tocó el hombro. 
- Tome el pañuelo. Mire - Andrés empuñó su mano con el pañuelo dentro y luego la extendió - No tiene nada. No le va a pasar nada. - 
- ¿Qué quiere? - Dijo Inés recibiendo el pañuelo
- ¿Qué le pasa? -
- Eso a usted no le importa. - 

Inés venía caminando a pasos pequeños y rápidos. No quería ponerlo a esperar en aquel sitio. Nuevamente ¿por qué siempre ese sitio? Recordaba la primera vez que se vieron en el lago. Ella lloraba y él se había acercado a ella con un pañuelo viejo. Aun no sabía por qué se lo había recibido. Él era un muchacho de jeans y camiseta, descachalandrado, con una maleta de lona en la espalda. Recordó que fue mucho lo que él le había rogado para que le dijera por qué lloraba.

Era por ese tipo. Recién había sacado el corazón de su pecho, lo había pisado con sus zapatos caros talla 38 y finalmente lo había cogido para jugar 21. Había pasado un año ya después de aquel incidente ocurrido entre sabanas justo antes de la hora del almuerzo. No sabía como soportar a otro ser cambiante. No sabía cómo hacer para seguir adelante y confiar nuevamente en cualquiera que se le acercara. Sin embargo, no supo por qué, después de insistir tanto y haber optado por sentarse en la banca, decidió darle a Andrés lo que él quería.

- ¡El corazón me duele! -
- ¿¡Le está dando un ataque?! ¿La llevo a urgencias? - Inés río entre lágrimas.
- No. - Inés se sonó y secó sus lágrimas.
- ¿Y por qué le duele el corazón? -
- Por un tipo -

El hombre I... Recordó Andrés:
- Impostor, Injusto, Inmaduro, Imbécil, Insoportable, Insensato, Incompetente, Inexperto, Inútil, Inicuo, Incapaz, Impertinente, Irrespetuoso, Irreflexivo, Irritante, Inmundo, Infame, por el que la Inocua Inés Implora por Imponer mejoría a su corazón -
- La letra I es porque estás Indignada, ¿cierto? -
- Y además, Infortunado -
- ¿En serio? ¿O sea que seguís en una tusa por alguien que lo tiene chiquito?-
- Es que es un Insulto - Y fingió una risa malévola

La primera vez que ella había llegado con esas palabras no se veía tan mal. Esa vez llevaba una camisa blanca donde sus senos se pronunciaban aún más y unos jeans. Y habían pasado seis meses después de verse en aquel lago por primera vez. Sin embargo, ya llevaba un año de conocerla, y el hombre I era su mejor tema, sus mejores canciones, sus mejores insensateces, sus peores ratos...    

Habían pasado 20 minutos y ella no llegaba. Inés no era así. Inés era soldado del tiempo y de la puntualidad. ¿Le habría pasado algo? Si le hubiera pasado algo, ella llamaría o por lo menos le haría saber. Recordó ese día en que él se había quedado dormido y ella se había escapado de dañarle el celular de tantas llamadas que le hizo. La llamó pero su celular estaba apagado. ¿Donde podría estar? La esperó sentado. La esperó de pie... esperó 20 minutos más. Inés no llegaba.

Diez minutos después, Inés llegó. Solo que esta vez su ropa estaba ensangrentada, sus piernas temblaban y su cabeza le dolía. Andrés frunció el ceño y miró su reloj. Miró fijamente a Inés pero no le dijo nada.

- Si, si, he llegado tarde. Pero, ¿no me vas a preguntar qué me pasó? - Andrés se veía preocupado. Volvió a mirar el reloj y seguía sin hablarle a Inés. Se paró de la banca y dio unos cuantos pasos y regresó a esta. Miraba el celular y no miraba a Inés. - Vamos Andrés, no me ignores. No te enojes. -

Inés se sentó al lado de su mejor amigo. Iba a tocar su rodilla pero prefirió no hacerlo. Andrés miraba a todo lado.

- Andrés, tienes que llevarme al médico, no me siento muy bien. - Pero Andrés no respondió nada. Solo se paró de la banca y caminó por donde Inés había llegado. Inés lo siguió. - Vamos Andrés, háblame. Perdóname, he llegado tarde. -

Pero Andrés caminaba y poco a poco le ignoró más, jamás la escuchó y ni siquiera supo que estaba ahí. 

4 sept 2014

¿Por qué no llega?

Cerró los ojos y tocó su cuerpo... todo estaba bien. Sentía un leve ardor, un leve punzón, una leve inflamación, un leve mareo...Volvió a tocarse. Su cuerpo estaba intacto... ¿Qué era entonces? Sintió el corazón roto y la edad despedazada. Encontró el dolor y pudo decir:

Me duelen las palabras
Me duelen las hadas
Me duelen los sueños
Me duele la inspiración... 

10 jul 2014

Chocolateros Anónimos- Caso 1


Era todo un paquete de colores

"Estaba en el market y ahí le vi por primera vez. Estaba de amarillo. Era no solamente un paquete, era lo que estaba buscando por mucho tiempo. Era de todos los sentidos, se podía ver, saborear, tocar, y hasta escuchar. Su empaque se veía delicioso. Irradiaba luz por todos los sentidos, hasta por dentro. Se podía ver que estaba bien equipado, había chocolates por mil... 

Lo miré tras los estantes. Lo miraba con delicadeza y malicia, quería devorarlo. El empaque no le lucía para nada, pero podía imaginar qué tanto podía devorar. De solo recordar esos pequeños pedazos de chocolate con leche revestidos de azúcar...

De pronto, detallé un poco más y me gustó, el amarillo me condujo a una especie de síndrome impulsivo, me llamó su apariencia, una atención externa guiada por un objetivo final, un objetivo emotivo. Era evidente, lo quería.

Me dirigí hasta él y como buena consumidora, lo probé... no era solo un chocolate. Mis rodillas temblaban y mi corazón latía muy fuerte no porque estuviera nerviosa, sino porque en mí había nacido algo que ya había olvidado, una atracción muy fuerte por estos placeres, que parecían mayores a mi cordura.

Poco después me di cuenta. No solo fue expuesto a baño María sino que había pasado por papel vegetal y había sido expuesto en el refrigerador. Conté sus placeres, sus calorías, sus movimientos en mi boca... expuse todo lo que pude y comencé a conocerlo. 

No solo conocí su tipo de colorante, sino que supe que me haría un mal pero aún así, ahí estuve. Estuve adicta a él por cinco años, cinco miserables años donde jamás volví a olerle, ni a verle. Por ahí dicen que se consume mejor con otros chocolates, y con otro tipo de snacks. 

Su colorante quedó en mí, y le agradezco, eso me ha hecho más fuerte, más fría ante los chocolates. Fue mi primera adicción. Fue mi única adicción. Ese chocolate no solo fue uno más del montón, era todo un paquete de colores."

Porque los chocolates de colores no solo son nuestros amigos, también nos hacen daño...


31 may 2014

Chocolateros anónimos - mientras regresa la inspiración

O sea, si hay Alcohólicos anónimos,
¿por qué diantres no hay un grupo llamado chocolateros anónimos?  


Necesito un minuto y 365 días más para decir y convencer a miles que mi afición por el chocolate no viene en empaques de 300 pesos con un chocolate de cuatro cuadritos que está más orgásmico que el man que a uno le gusta. 

Sí, lo acepto. Soy de las que peca y empata cuando estamos hablando de chocolates (bueno, en otras cosas también... pero este no es el caso). Soy de las que compara el chocolate con una noche de orgasmos y un día de shopping. ¡ME ENCANTA EL PINCHE CHOCOLATE! 

No solo es su sabor. Es su olor, su textura, las emociones que produce, ese no sé qué que me derrite, su forma de llamarme: "Cómeme Sweety, cómeme"... y estoy al tanto de algo, ¡tengo que superar al chocolate! Tengo que verle y no extrañarle. Tengo que dejar de añorarle. Tengo que ser fuerte y decir, ¡SWEETY! ¡NO MÁS CON EL CHOCOLATE! Es tan delicioso que es imposible dejarlo a un lado. Es como... como Golum con el "precioso".... Es una extraña exquisitez... vuelvo y pregunto, ¿Por qué diantres no hay un grupo de chocolateros anónimos? Lo admito, SOY UNA ADICTA AL CHOCOLATE (Al mecato en general). 

No en serio, ahora sí ya en serio.

¿Cómo no va a haber un grupo en el que uno pueda aventurarse con sus problemas de Chocolate? Un grupo que entienda las necesidades que uno tiene, tuvo y tendrá sobre chocolate. Personas que sepan por lo que uno está pasando y sepan dar apoyo con este difícil tema de obviar el chocolate el resto de la vida. Individuos que sientan por el chocolate lo que uno siente: paz, liviandad, romanticismo, espontaneidad... Gente al rededor que sepa por qué el chocolate le dice uno "Cómeme Sweety, cómeme"... Conocer el por qué de su necesidad en nuestras vidas y por qué, si somos conscientes de que tenemos que dejarle a un lado y olvidarle, seguimos en esa mala vibra y onda de antojos por algo que no llega ni a beneficiarnos. Un lugar dócil, experto, sin regaños, ni juicios, un sitio, (y que sea con acento argentino por favor) simplemente, en donde juntos podamos salir de aquella divina obsesión. (El que lo entendió, lo entendió)

Yo sé, habrá el loco que lleve una bolsita de chocolates el último día de rehabilitación o a alguna salida y comience cierto tipo de disputa o alguna faena debido a los PINCHES CHOCOLATES y terminemos con 2 semanas más de detox porque... bueno, la bolsa no era tan chiquita.

Y tal vez no sea así, tal vez solo lo manden a comer chicle a uno, pero de todas maneras, yo insisto, un grupo de esos debería ser super, no solo para intercambiar momento achocolatados (un tanto candentes y otro tanto prohibidos), también para curar otros tantos que nos ha dejado el chocolate. 
 

9 may 2014

Yo secuestré al niñito de la flecha

"Sí, fui yo. Y  le confieso que no solo lo rapté sino que le he robado unas cuantas flechas y pretendo jamás entregárselas pues eso de que me las tire, ya me tiene cansada. Yo fui quien le dañó un poco sus alas y le corté la cuerda del arco. Pero no se preocupe porque al cabo de un momento reapareció, por más que dañé ese pedazo de madera, él solito se arreglaba.

Cuando lo vi, tenía ojos intensos y alegres. Estaba entusiasmado. Le encantaba que yo estuviera cediendo ante su nueva flecha. No me había recuperado de la última que me lanzó y ¡ya me iba a arrojar otra! ¿Qué quería? ¡Que volviera a pasar odiando los días, desvelarme en las noches, calentándome durante las lluvias sola con un edredón viejo añorando tener tal placer!... ¿Qué quería? ¡Que me mirara a un espejo y que no me gustara lo que veía! No tengo paciencia para volver a subir y caer como si fuera una gota en el cielo. No tengo ánimos para lidiar ahora con sus dardos...

Fue una noche, cuando estaba a punto de caer en sus lujuriosos planes con un tipo que quiere mi liviandad. Logré verlo tras de mí cuando me disponía a tomar ese vaso de champane. Era perfecto; sus deditos pequeños, sus ojitos vivos, su hermoso arco... sabía que no podía ser visto, fue sigiloso.

Sin embrago, al verlo por aquella copa, me asusté. Sabía que no podía quedarme inmóvil. ¡Ese culicagado tenía tanto que explicarme! ¿Por qué a mí? ¿Por qué había sido yo la que había escogido para descarriar sus dulces placeres? ¿Por qué siempre me flechaba a mí? ¿Qué soy acaso? ¿El muñeco que más odia de su repisa de juguetes?

Fui su señuelo por mucho tiempo y me di cuenta de algo, ese vergajo de flechas y arco no sabe lo que hace. No está al tanto de todos los males que ha hecho en este mundo. Y sobre todo los que me ha hecho a mí.

Bajé el vaso de champane y le miré a los ojos. Él se asustó e intentó correr pero tropezó contra un mesero y unos platos volaron por el restaurante. Me dirigí hacia él y lo agarré de las alas. Salí del recinto sin despedirme del tipo aquel y me dirigí hasta un callejón.

Lo tomé de un ala mientras intentaba escapar de mí y lo empuje hacia uno de los extremos. Quiso salir volando pero lo detuve con mi mano en su pecho. Le pregunté qué hacía conmigo, qué quería de mí, por qué hacía todo esto... pero el señor piensa que es juego, siempre lo ha pensado. Su sonrisa lo dijo todo, nunca hubo respuesta clara, solo dijo que yo era "Lascivia". Lo repitió varias veces.

Por eso lo rapté. Por eso lo encerré en mi habitación durante 60 días... Le dí todos los cuidados que solicitaba por 60 días. Hice todo lo que me pidió. Pregúntele, porque sé que la pasó bien. Cada vez gritaba, burlandose de mí "¡Eres Lascivia! ¡Eres Lascivia!"...

No pensé que alguien lo fuera a buscar, pero al cabo de solo 20 minutos todo el mundo lo buscaba por cielo y tierra. ¿Por qué no aprender a vivir sin él? Yo no quiero sus flechas. Además, como él lo dijo, yo soy Lascivia, él solo tira las flechas...

Así que lo reconozco, soy yo la persona que busca. Como puede ver, no le hice daño, está totalmente fuera de peligro, y es él quien dice... Bueno, no solo dijo que yo era Lascivia, dijo que intentaba liberarme y que de todo lo que me acontecía en esta vida era yo la culpable. Y con eso entendí.

Soy lujuria, soy excitación. Soy aquel extremo que desvive por encontrar sexualidad en cada palpito, y solo por eso, soy culpable de todo lo que ha ocurrido.  

Si sirve de algo, me siento ridícula por haber hecho lo que hice... aunque siempre quise encontrármelo." - Exclamó mientras estaba en la sala de interrogatorios

8 mar 2014

Sponte sua... Necesito desahogarme

Have anybody ever felt this way? Have anybody ever felt left behind?

OK. Lo acepto, estoy envejeciendo y cada día me salen arrugas. El problema no ese. El gran problema de todo es que el mundo sigue y sigue y yo sigo en un intento por encontrar quién soy y para qué soy buena y la tarea se ha tornado una labor sin sentido porque sigo viéndome al espejo y reflexiono y lo único que encuentro es que fui util solo cinco años de mi vida, durante la universidad...

Estoy deseosa por encontrar un empleo porque adivinen qué, llevo dos años y medio sin trabajar y mi confianza para la comunicación se ha vuelto nula, TAN NULA que al momento de escribir, no salen palabras, no salen ideas... y termino destrozando todo lo que he escrito porque, ¿saben qué? No es un buen escrito. Y la verdad quiero aprovechar para darle las gracias a tooodas las empresas que han desechado mi HV porque gracias a ellas, soy peor persona: ya no tengo autoestima, ya no tengo seguridad, ya todo, TODO lo pensado para mi futuro se ha ido por la borda... y no se vale, porque siempre que envío mi curriculum a alguna empresa... ¡NUNCA LLAMAN!

Cuando ingresé a estudiar comunicación y le tomé cariño al oficio, siempre pensé que podría hacerlo, podría incursionar en el mundo de la comunicación... pero nadie me dijo que tan malo iba a ser, ¡que en realidad no serviría para ello! A cambio me toca conformarme con pequeñas labores que no permiten que evolucione como comunicadora... ¿Que piensan las personas? ¿Que mi gran meta esta vida es atender siempre la llamada de sus clientes, hacer un telemercado y poner bonito un .ppt?... ¡LA COMUNICACIÓN ES MÁS QUE ESO!

La labor del comunicador es tan bonita que nadie se da cuenta lo necesario y útil que puede ser en la sociedad. Un comunicador construye discursos para fomentar procesos que faciliten la inclusión y pertenencia de las personas en la comunidad. Nosotros no solamente investigamos sino que gestionamos la mejor manera para enriquecer las prácticas sociales del medio en que vivimos. Lo peor es que... ¡a muchos no nos dan la oportunidad de hacerlo!

Simplemente... A veces pienso que en realidad mi mamá tenía razón, ¡debí haber estudiado Mercadeo y Negocios Internacionales!

No solo eso, ¿Alguna vez se han sentido un 0,0 a la izquierda? ¡YO SI! Casi todo el tiempo estoy sola y me siento sola y acepto la soledad tal como viene (aceptando personas que solo están ahí cuando me necesitan), pero he llegado al punto que siento no valgo ni medio huevo... lo bueno de todo esto es que sé quién en realidad me ha considerado su amiga, y quien no. No esperen que me sienta mal, ¡Estoy contenta con ello! Es obvio que nadie se siente bien siendo un zero a la izquierda, una doña nadie pero... ¡me he dado cuenta el valor nulo que soy para las personas! Nuevamente, ¡MUCHAS GRACIAS!

Así que... nuevamente, intento volver a escribir pero... ¡ah si! Resulta que NO ESCRIBO BIEN. Por eso lo único que me ha bastado todas estas semanas ha sido leer... y la verdad, contribuyendo a todos ustedes y mi confianza inexistente, solo leo FICCIÓN. Me gustan los romances... lloré con Bridget Jones, y me deleito imaginando las escenas en aquel libro de Vargas Llosa.

¡Y NO HABLEMOS DEL COMER Y LAS ANSIAS!

Pues bien, si alguien alguna vez lee esto, dele las gracias a Dios porque no es una niña fresa que nadie recuerda, que al parecer es pésima en su profesión (y eso que nadie se la ha dejado hacer) y que vive sonriéndo como si nada pasara (aunque la tristeza la esté carcomiendo).

6 mar 2014

Un poquito de lo que estoy escribiendo....

Me preparé para la cena del caótico fin de semana. Y sí que sería caótico, era seguro que después de la noticia, mamá no haría más que darme una clase repetitiva sobre las consecuencias de una relación sexual desenfrenada. 

Mi pensar es que esa es la mejor relación sexual que se puede tener. Está bien, no tengo la más mínima idea de lo que estoy diciendo pero si recuerdo pensamientos insanos y placenteros con un tutor de inglés que me consumía lentamente pero con tal fuerza que me hiciera desear ese momento por siempre. Recuerdo sus manos en mis senos, sus labios sobre los míos que lentamente bajaban hacia mi cuello. Cierro mis ojos y vuelvo a tomarlo de la espalda, lo siento desgarrando fuertemente mi himen, me duele un poco pero me gusta… recuerdo su lengua recorrer mis pezones, llegar a mi ombligo y terminar en mi vagina. Recuerdo gemidos saliendo de mi garganta… ¡Recuerdo de él cosas que ni siquiera sucedieron! 

Se torna un tanto ridículo volverle a recordar en escenas obscenas encima mío, frente a mí y sobre mi espalda. Me siento avergonzada de volver a recordarle así y desearlo, añorarlo con tal indecencia que me recuerda al sabor del chocolate nocturno y a las imposibles posibilidades con él, un tutor que me llena de sinsabores pues jamás será mío.

- Susi, por favor, no vayas a invitar a Sebastián – Volví a mi realidad. Miré a Gaby un poco sorprendida y asentí con mi cabeza. Después me miré al espejo. En medio de mis fantasías había quedado lista con un vestido negro que mi mamá me había entregado horas antes. Un diseño strapless sencillo con caía y varias capas en seda fina.

Por un momento me sentí ridícula. ¿De qué serviría vestir tan elegante para celebrar tal noticia? Sabía cómo iba a terminar la noche, estaba al tanto de lo que ocurriría y yo… quedaría sentada sola en la mesa del comedor, vestida, por primera vez como una princesa, sintiéndome hermosa pero fatal al saber que aquel chocolate nocturno añorado jamás sería mío, y que sería momento de crecer y dejar esas estupideces de soñar y añorar personas que jamás se iban a fijar en mí.

4 mar 2014

Escribiendo...

Cierro mis ojos y vuelvo a tomarlo de la espalda... recuerdo gemidos saliendo de mi garganta… ¡Recuerdo de él cosas que ni siquiera sucedieron!

11 ene 2014

In the middle of the night...

Drunked, knees trembling, tooked the vodka and said: I just have to smile! Who care?! It's just a inmature girl's heart.

2 ene 2014

¿Qué cambió a Aggy?

"¡Una despierta!"

Eran las cinco de la tarde cuando Aggy despertaba a Una. Hace poco se habían quedado dormidas en la habitación de sus padres. Estaban en una finca al Norte del Valle. Sus padres habían salido a dar la usual caminata por las 50 hectáreas que desde hace dos semanas los resguardaban de la polución de la ciudad. Habían sido unas vacaciones un tanto calurosas, pues julio parecía un mes interminable lleno de calor. Su padre ya les había dicho que no se hicieran ilusiones en regresar pronto a la ciudad, sitio que Aggy más apreciaba.

Esa tarde, toda su familia había decidido salir a dar aquel paseo, pero Aggy y Una habían sido víctimas del almuerzo. Habían caído profundas en aquella cama King, en la cual dormían sus papás. Esa tarde, Aggy no se había profundizado del todo cuando escuchó el primer tiro. Abrió sus ojos y tomó a Una en sus brazos.

"¡Una despierta!" Con sus ojitos pesadumbrados, Una, la menor de las dos, miró a su hermana. Aggy escuchó a alguien acercarse a la habitación de sus padres. Tomó a su hermana de la cara y tapandole los labios con sus manos la silenció. Luego le hizo una seña con su cabeza. Una se levantó inmediatamente y siguió a su hermana.

Sigilosamente, Aggy y Una entraron al baño de sus padres. Cerraron la puerta lo más silenciosamente que pudieron y se quedaron un minuto pensando qué harían. De pronto, Una miró a Aggy y le señaló la ventana del baño. Tal vez Aggy no cabría, pero Una si. Así que Aggy subió a Una a su espalda, Una se apoyó sus pies en los hombros de Aggy y como pudo, Una salió de la casa mientras Aggy le decía, "avísale a papá"

Inmediatamente, la puerta del baño fue rota por un balazo y se abrió de par en par.

"¿Dónde está su papá?" - Dijo un tipo con gorra negra y peñuelo rojo en la boca, mientras apuntaba a Aggy. Ella podía ver la bala en la pistola. Su vida corrió por todo su pensamiento y su cuerpecito empezó a sudar frío. - "¡RESPONDEME! ¿Dónde está tu papá?" - Aggy intentaba pensar. ¿Qué decir? ¿Cómo decirlo?

"Que le importa" - Respondió Aggy con fanfarronería. No le importaba perder su vida si tendría que salvar la de su familia. Sabía que Una estaría con sus padres para ese momento, pues no hacía más de 10 minutos se habían ido al viñedo. Además, ya sus esperanzas de vida eran pocas.

Sin embargo, el tipo de gorra negra y pañuelo rojo en la boca tomó a Aggy por el cabello y la llevó hacia él.

"Díganle al señor que me llevé a su hija a pasear" - Tomo a Aggy por el torso con un solo brazo y salió de aquella finca.