6 mar 2014

Un poquito de lo que estoy escribiendo....

Me preparé para la cena del caótico fin de semana. Y sí que sería caótico, era seguro que después de la noticia, mamá no haría más que darme una clase repetitiva sobre las consecuencias de una relación sexual desenfrenada. 

Mi pensar es que esa es la mejor relación sexual que se puede tener. Está bien, no tengo la más mínima idea de lo que estoy diciendo pero si recuerdo pensamientos insanos y placenteros con un tutor de inglés que me consumía lentamente pero con tal fuerza que me hiciera desear ese momento por siempre. Recuerdo sus manos en mis senos, sus labios sobre los míos que lentamente bajaban hacia mi cuello. Cierro mis ojos y vuelvo a tomarlo de la espalda, lo siento desgarrando fuertemente mi himen, me duele un poco pero me gusta… recuerdo su lengua recorrer mis pezones, llegar a mi ombligo y terminar en mi vagina. Recuerdo gemidos saliendo de mi garganta… ¡Recuerdo de él cosas que ni siquiera sucedieron! 

Se torna un tanto ridículo volverle a recordar en escenas obscenas encima mío, frente a mí y sobre mi espalda. Me siento avergonzada de volver a recordarle así y desearlo, añorarlo con tal indecencia que me recuerda al sabor del chocolate nocturno y a las imposibles posibilidades con él, un tutor que me llena de sinsabores pues jamás será mío.

- Susi, por favor, no vayas a invitar a Sebastián – Volví a mi realidad. Miré a Gaby un poco sorprendida y asentí con mi cabeza. Después me miré al espejo. En medio de mis fantasías había quedado lista con un vestido negro que mi mamá me había entregado horas antes. Un diseño strapless sencillo con caía y varias capas en seda fina.

Por un momento me sentí ridícula. ¿De qué serviría vestir tan elegante para celebrar tal noticia? Sabía cómo iba a terminar la noche, estaba al tanto de lo que ocurriría y yo… quedaría sentada sola en la mesa del comedor, vestida, por primera vez como una princesa, sintiéndome hermosa pero fatal al saber que aquel chocolate nocturno añorado jamás sería mío, y que sería momento de crecer y dejar esas estupideces de soñar y añorar personas que jamás se iban a fijar en mí.

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