"Sí, fui yo. Y le confieso que no solo lo rapté sino que le he robado unas cuantas flechas y pretendo jamás entregárselas pues eso de que me las tire, ya me tiene cansada. Yo fui quien le dañó un poco sus alas y le corté la cuerda del arco. Pero no se preocupe porque al cabo de un momento reapareció, por más que dañé ese pedazo de madera, él solito se arreglaba.
Cuando lo vi, tenía ojos intensos y alegres. Estaba entusiasmado. Le encantaba que yo estuviera cediendo ante su nueva flecha. No me había recuperado de la última que me lanzó y ¡ya me iba a arrojar otra! ¿Qué quería? ¡Que volviera a pasar odiando los días, desvelarme en las noches, calentándome durante las lluvias sola con un edredón viejo añorando tener tal placer!... ¿Qué quería? ¡Que me mirara a un espejo y que no me gustara lo que veía! No tengo paciencia para volver a subir y caer como si fuera una gota en el cielo. No tengo ánimos para lidiar ahora con sus dardos...
Fue una noche, cuando estaba a punto de caer en sus lujuriosos planes con un tipo que quiere mi liviandad. Logré verlo tras de mí cuando me disponía a tomar ese vaso de champane. Era perfecto; sus deditos pequeños, sus ojitos vivos, su hermoso arco... sabía que no podía ser visto, fue sigiloso.
Sin embrago, al verlo por aquella copa, me asusté. Sabía que no podía quedarme inmóvil. ¡Ese culicagado tenía tanto que explicarme! ¿Por qué a mí? ¿Por qué había sido yo la que había escogido para descarriar sus dulces placeres? ¿Por qué siempre me flechaba a mí? ¿Qué soy acaso? ¿El muñeco que más odia de su repisa de juguetes?
Fui su señuelo por mucho tiempo y me di cuenta de algo, ese vergajo de flechas y arco no sabe lo que hace. No está al tanto de todos los males que ha hecho en este mundo. Y sobre todo los que me ha hecho a mí.
Bajé el vaso de champane y le miré a los ojos. Él se asustó e intentó correr pero tropezó contra un mesero y unos platos volaron por el restaurante. Me dirigí hacia él y lo agarré de las alas. Salí del recinto sin despedirme del tipo aquel y me dirigí hasta un callejón.
Lo tomé de un ala mientras intentaba escapar de mí y lo empuje hacia uno de los extremos. Quiso salir volando pero lo detuve con mi mano en su pecho. Le pregunté qué hacía conmigo, qué quería de mí, por qué hacía todo esto... pero el señor piensa que es juego, siempre lo ha pensado. Su sonrisa lo dijo todo, nunca hubo respuesta clara, solo dijo que yo era "Lascivia". Lo repitió varias veces.
Por eso lo rapté. Por eso lo encerré en mi habitación durante 60 días... Le dí todos los cuidados que solicitaba por 60 días. Hice todo lo que me pidió. Pregúntele, porque sé que la pasó bien. Cada vez gritaba, burlandose de mí "¡Eres Lascivia! ¡Eres Lascivia!"...
No pensé que alguien lo fuera a buscar, pero al cabo de solo 20 minutos todo el mundo lo buscaba por cielo y tierra. ¿Por qué no aprender a vivir sin él? Yo no quiero sus flechas. Además, como él lo dijo, yo soy Lascivia, él solo tira las flechas...
Así que lo reconozco, soy yo la persona que busca. Como puede ver, no le hice daño, está totalmente fuera de peligro, y es él quien dice... Bueno, no solo dijo que yo era Lascivia, dijo que intentaba liberarme y que de todo lo que me acontecía en esta vida era yo la culpable. Y con eso entendí.
Soy lujuria, soy excitación. Soy aquel extremo que desvive por encontrar sexualidad en cada palpito, y solo por eso, soy culpable de todo lo que ha ocurrido.
Si sirve de algo, me siento ridícula por haber hecho lo que hice... aunque siempre quise encontrármelo." - Exclamó mientras estaba en la sala de interrogatorios
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