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13 jun 2012

FOBIA

A mi familia le parece un chiste y los demás me miran rarito 


Es difícil que las personas te tomen en serio cuando mides 1.50 mts y pareces una niña de 12 años, pero la dificultad es mayor cuando se sufre de un mal que solo le ocurre a los niños y que solo a unos cuantos  nos continúa cuando nos volvemos mayores. Este mal lo considero debilitante y doloroso, pues para la sociedad, la zoofobia es un miedo que muchos tildan de estúpido porque ¿quién no sabe convivir con animales? 

Si, la zoofobia es el miedo a los animales. Los síntomas, nerviosismo, ansias, ganas de salir corriendo, el corazón se me acelera, me comienzo a sentir débil y... porque comienza una lucha entre el animal y yo por el dominio de mi territorio (en donde este se acerca y yo me alejo), las personas comienzan a mirarme como si yo fuera una mala persona. Hay días en los que el animal corre hacia mi y yo quedo parada, pasmada y suelto un grito de ultratumba... como si en realidad me estuvieran haciendo algo malo. 

Lo peor de todo es que las personas que están más cerca a mí, parecen no entenderlo. Algunos me convierten en un ser o tonto o inmaduro o consentido y solo pueden culpar a mi psicología interna... ¿Cómo explicarle a todos ellos que no sé donde se encuentra esa parte y cómo tratarla? Otros piensan que es cuestión de llamar la atención o ser un chiste... y cada vez que me ocurre un episodio de estos (que suele ser  seguido) se echan a reír, como ya están tan acostumbrados... pienso que piensan que es más bien un chiste. 

Hay otra gente que cuando le comento que sufro de zoofobia, piensa que yo me le voy a acercar al animal y le voy a hacer daño... lo que no concibo es como alguien que le tiene físico miedo a los animales se les va a acercar a maltratarlos... ¡Si ni siquiera soy capaz de acariciarlos! 

¿Pero alguien ha hecho algo por mí? ¡NADIE! Todo el mundo critica mi miedo a los animales y piensa que es un chiste, un algo mental que se cura de la noche a la mañana y no son capaces de ponerse en mi lugar. Personalmente, he investigado sobre los animales y sus maneras de ataques... no miro a los animales a los ojos, intento pasar desapercibida cada vez que tropiezo con algún perro o gato por la calle y no me le acerco a menos que me sienta segura... esto es si su amo o un profesional en animales está cerca. 

Por eso, este escrito es mi grito por aquellos que vemos a un perrito en la calle y queremos huir, por quien vemos al gato de la vecina y nos erizamos, por quien estamos en el zoológico y miramos con curiosidad pero jamás tocaremos, por aquel estudiante que no quiso tocar la rana o la serpiente que encontraron en el recreo, por ese transeúnte que quiere perderle el miedo a la paloma que llega de la nada y postra en la calle... por aquella persona que ama a los animales, pero que por miedo a algo (que no sabe qué es), no los puede tocar.    

16 jul 2009

La perra de la vecina.

A mi encantan los animales. Sin embargo, una de mis más grandes fobias es la zoofobia. No me gusta tocar ni perros, ni gatos, ni caballos, ni camaleones, ni nada perteneciente a las familias de los animales… bueno, salvo el hombre, claro. Es más ni me les acerco. Que el perrito chiquito, el gatito bebe, que el conejito, que el hámster, por más tierno que sea, yo no me le acerco. No se como explicarlo pero me pongo muy nerviosa apenas veo animales a mi alrededor. Lo peor de todo es que ellos como que huelen el miedo literalmente porque ¡siempre tiran a buscarme! ¡QUE MIEDO!

El caso más extraño de acercamiento hacia animales, me ha ocurrido con la perra de mi vecina, Nina. Es una Labrador negra, HERMOSA que sabe como buscarlo a uno. Ella parece una persona metida en un animal. Entiende todo. La dueña le dice “Nina no ladre” y la perrita se queda muda. “Nina nos vamos” y ella se posa en la puerta para salir. Es al único animal grande al que me le he acercado y he sobrepasado los cinco segundos acariciándole la cabeza. Pero, ¿Cómo pude lograr acariciar a una Labrador de su tamaño? Bien, lo primero que uno debe tener en cuenta, es que el animal se haga entender por el amo y viceversa. Segundo, que el animal no le llegue corriendo a uno; la primera vez que Nina me recibió con la corrida me pegué ¡EL SUSTO DE LA VIDA! Casi no me le vuelvo a acercar. Desde ese entonces, Nina, esa bella Labrador, llega caminando a mi lado y me pone la cabecita en mis manos para que yo le acaricie.

Les cuento que hace poco operaron a Nina. Tenía unos quistes benignos en su cuerpo que le salían como bolitas de ping pong. Verle con esos quistes era impresionante porque, personalmente, me daban ganas de llorar y me sentía muy preocupada por la perra. La cosa es que ahora está en la casa con unas cortadotas que tienen aproximadamente 15 puntos cada una, y un cuello de aislamiento color blanco. Es horrible ver a ese animalito tan adorable con ese cuello. Yo sé que es por el bien de ella, pero me parte el alma. Siento desespero por ella, me imagino uno estar con un cuello de esos y… si estar con un cuello ortopédico es lo peor, pobre Nina debe sentir sofoco ó, a lo mejor, claustrofobia… y eso me preocupa.

Ahora que lo pienso, que lindos son los animales. Como una persona que no se le puede acercar ni a un conejito siente todas estas preocupaciones por un animal al cual varios meses atrás ni se le acercaba… Solo espero que Nina salga rápido de eso, para que cuando le vea, camine hacia mí y yo pueda acariciarle la cabecita, y así podamos seguir siendo otro caso de fobia superado.