Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas

17 ago 2009

ME ENCONTRÓ EN EL BAÑO

“Estábamos acostadas en la cama de mis papás, viendo televisión y jugando cuando a mi hermana le dio por ir al baño. Yo me fui tras ella y comencé a tocarle la puerta del baño para seguirla molestando. Me senté en el piso y continué tocándole la puerta.”

Era el año 2000, 10 de Noviembre a eso de las cuatro de la tarde. En ese tiempo, Ale tenía siete años. Esa tarde ella y yo no planeábamos hacer tareas. La semana había acabado y llegar a ver ‘tele’ siempre era la costumbre, porque el domingo es ‘sagrado para las tareas’.

“Ya me iba a parar y de repente vi que la puerta se había quedado blanca, creo que era el impacto. Luego me paré y volví a verla blanca, sentí el segundo impacto, y en el tercero, la onda me empujó hacia mi hermana”. Recuerda Ale a sus 14 años. Recuerdo su cuerpecito prendido del mío, como si la onda la hubiera atado a mí. Yo estaba subiéndome los pantalones. ¡Casi que no me los deja subir! Ella temblaba pero tocó ponérmele brava para que se me despegara y así podérmelos subir bien. ¡Casi no me suelta!

Ese día fueron cuatro cilindros bombas dirigidos al batallón de la tercera brigada en Cali. Uno cayó en el concesionario Renault de la quinta; otro en la estación de gasolina enseguida del concesionario; otro no estalló; y el último en la calle cuarta con carrera 79 detrás del hospital psiquiátrico, derrumbando uno de sus muros, justo al frente de donde vivía.

Yo vivía en Rincón de la Arboleda. Ahí viví dos explosiones, una que lo único que hizo fue tirarme por unas gradas; y esta, que cambió por completo mi vida.

LO QUE VA POR DENTRO

Uno ve pasar todo en cámara lenta. Hay un agujero en la cabeza y uno no sabe qué va a hacer, y menos cuando sólo se tiene 13 años. Uno no sabe por dónde comenzar; si volver a cargar a Ale, si salir corriendo despavorida, si ponerse a llorar, si quedarse en el baño o si salir.

A uno se le sube la bilirrubina. No sé cómo explicarlo mejor. Primero estás jugando, viendo tele en uno de los sitios que consideras más seguro, y de un momento a otro, sientes un fuerte ruido, el suelo tiembla y la desesperación comienza a subir, y aun más cuando no se puede salir a ver qué pasó porque ¡estás en el baño sin poder acomodarte los pantalones!

DE FRENTE AL VENTANAL

Yo cargué a mi hermanita y salí del baño. Inmediatamente, le pedí a la señora del servicio que cogiera a mi hermana porque yo iba a llamar a mis papás.

Cuando entré a la sala, vi el ventanal. Ni un pedacito de vidrio prendido al marco de la ventana, nada. Solo había esquirlas por todo el suelo y uno que otro vidrio encima de los muebles. De milagro no le pasó nada a ‘La Consentida’ de mi mamá, la del estuco veneciano.

Quité un vidrio del teléfono y llamé a mi mamá. Cuando le llamé, mi mamá recuerda que el mensaje era raro porque me estaba riendo (Como siempre). Sin embargo, cuando mi hermana lloró, supo que la risa eran los nervios y me pidió que me calmara. Cuando lo hice, le conté.

De pronto, comenzamos a escuchar balas. Mi hermanita había puesto sus pies descalzos en el suelo, y se puso a llorar porque se pinchó con las esquirlas. La señora del servicio buscó inmediatamente los tenis de la niña y se los ayudó a poner.

Colgué el teléfono. Volví a mirar la ventana de la sala, y ahí, de frente al ventanal, vi a unos policías disparando a la loca. Uno, dos, tres… fueron como cinco que vi pasar. Todos disparaban, como si supieran el blanco. Recuerdo que me tiré a la alfombra de la sala. Me rallé parte de mis piernas con las esquirlas y uno que otro vidrio. Así que le dije a Aleja que cuidado se cortaba, pero se lo dije después de que ya la había tirado al piso.

Uno no tiene idea que hacer, así que uno va con la corriente. Abel*, un vecino cubano que vivía al frente de nosotros, nos pidió el favor de bajar con él y su familia porque era mejor estar en el parqueadero que en los edificios. Así que uno sale, desorientado, del apartamento.

Cuando llegamos al parqueadero, nuestros amigos nos llamaban para que viéramos lo que pasaba por fuera. Corrimos a ver y ahí estaba, un pedazo de muro le hacía falta al Hospital Psiquiátrico y muchos de los pacientes intentaron escaparse del recinto. Sin embargo, había tanta policía en el sector que inmediatamente los detenían.

La noche maduró sin ningún bombillo. Ale y yo decidimos quedarnos al lado de todos nuestros amigos. Unos estaban cortados y otros, asustados. Entre chiste y chanza dejamos caer la noche. A eso de las siete, a todos nos azotó el hambre. Ale y yo deseábamos una ‘Arepa con Todo’, pues sería esta la que haría exquisito el momento.

Cuando papá y mamá entraron a la unidad me sentí más tranquila. Les comentamos lo que había pasado. Por último, les dijimos que mis piernas estaban ralladas por las esquirlas y que Ale casi se entierra unos vidrios en los pies.

LA PÉRDIDA:
Cuando subimos al apartamento, vimos que, salvo las ventanas del cuarto de Ale, a todas les hacían falta los vidrios. Además, uno que otro bombillo quedó medio prendido en el techo. La sala quedó llena de vidrios y esquirlas, pero la del veneciano estaba impecable. Creo que mi mamá sintió alivio al ver a su ‘Consentida’ en perfecto estado.

Cuando entramos al cuarto de mis padres. En la cama, donde esa tarde estuvimos viendo tele y jugando, voló el tubo de cortina con cenefa y todo, además de los pedazos de vidrio. “Yo creo que si no le hubiera dado ganas de ir al baño a mi hermana yo no tendría mi cara como la tengo ahora. El tubo de la cenefa cayó en el lado de la cama donde yo estaba. De solo pensar cómo podría estar mi cara me da miedo. Eso hace pensar, y ahí estoy afirmando aun más, que Dios existe”. Finalmente, nos fuimos a comer esa ansiada arepa de la que horas antes estábamos hablando.

22 jul 2009

LA TÍA UNIVERSAL

Ella… con su fragancia a narcisos y su, según ella, elegante caminar, se contonea durante la fiesta de la abuela. Esta vez no dice que tiene derecho a sus aguardienticos porque… bueno, ya los tiene en la cabeza. La música, un son de mariachi que canta con alegría rancheras que solo los viejos conocen. De pronto, contoneando sus caderas, se sitúa al lado del mariachi más joven. Le agarra el sombrero y de la nada, lo abraza y le dice: “¡¡HOLA CHUSCO!!”

Esa es la tía Universal. A mi me tocó una deportista soltera que lo tilda a uno de viejo que porque “a mi edad y aún me hago un cesta de ¡tres puntos! Y usted ni siquiera juega basquetbol.” Bueno, pero es que hay que comentarle que el deporte y yo no la vamos. “Jum, por eso es que está como está.”

Estas tías Universales son el alma de la fiesta, la casamentera de los sobrinos y, sobre todo, la parte impredecible de la familia. Esa tía que tiene sesenta y tantos, y se siente de 20 es una de las causas del por qué considero que mi familia está tostada.

Es que estas tías universales son queridísimas con los sobrinos jóvenes, los invitan a cuanta viejoteca que tengan y son las populares del círculo de amigas solteronas…Todas las amigas tienen que ver con ella y sin ella, no hay buen rato. Ah! Y les sacan “la sustancia” a las presas de pollo, ¡¿Bueno?! Son las primeras en descubrir quien ha crecido y quien no, cuando llegó y cuando no… y son las primeras en preguntar delante del novio (o entuke o como le quieran decir), ¿Por qué no ha llegado? “Cuidadito sale con bebe abordo”.

Y es que cuando llegan los amigos de uno a la casa ya le quiere armar fiesta… y pretende conseguirle a uno ¡¡MARIDO!! El otro día, eso ya tiempito, un gran amigo mío llegó muy al medio día a mi casa a visitarme. El se sentó en el sofá de la sala y yo en una poltrona. Resulta que, de la nada, salió mi tía y se nos sentó en la sala, al lado de él para ser más exacta, y comienza: “¿Uste’ qué hace? ¿Cómo se llaman sus papás? ¿Dónde vive?”… No saben el afán que tuve de pararme de esa poltrona e irme. Y a medida que él comenzaba a responder, ella acentuaba con la cabeza y me miraba con aprobación. Pobre amigo… ¡NO! ¡POBRE YO!

Ella, como buena mujer que es, ¡NO TIENE MINUTOS! Siempre está ocupada, “azorada”, “Con tanto qui’hacer”… pero es que cuando uno le piensa ayudar o por lo menos tenerle paciencia para poder tratar de ayudarle, ella responde con su cara enojada “¡YO ME BANDEO SOLA!”, y después se queja “No es que nadie le ayuda a uno, uno si le colabora a todo el mundo. Vea, eso lo que hacen es vivir bueno, y uno que se lidie solo…” Y uno piensa: Pero si hace unos momentos… dijiste que te bandeabas sola…

Si… esa tía, la que lo pone a uno a bailar con los primitos chiquitos o con el abuelo ya borracho… la que lo agarra a uno para bailar que porque “Uste’ es bailarina de la casa, haga algo por la reunión”… ¡¡ESA TÍA!! La que lo besa a uno en la mejilla con colorete rojo escarlata y le deja la marca que no se quita ni con agua.

Esa tía… la que uno quiere pero a veces quiere es salir corriendo de su lado… yo la quiero mucho. Yo la estimo tanto que cada vez que me saluda, le abrazo y ella me deja sin aliento. Yo la estimo tanto que le aguanto sus antojos de fritanga con Coca Cola (saben que no me gusta), sus ganas de bailar, sus amigas solteras, sus preguntas imprudentes… hasta sus levantes con jóvenes mariachis… Así que para ella, un TE QUIERO TIA.