24 ago 2013

LA SORPRESA DE OCTUBRE I

Cuando estudiaba, escribía cosas más interesantes.... Esto es un trabajo de periodismo narrativo, algo muy interesante que investigué... Va por tandas...

LA SORPRESA DE OCTUBRE
-Bueno, ya vamos para allá- Colgó Consuelo.

Una Señora de unos 40 años, muy delgada y de piel pálida, miraba a Benjamín, su esposo, con sus labios entre abiertos y sus cejas muy levantadas.

-Ve papi, era Alejandro. Que vamos a la Uribe que Lorena se puso muy mal y que parece ser que está en embarazo-

Miró el reloj. Su reloj digital marcaba las 10:00 p.m. Inmediatamente, se paró de la cama y caminó hasta el closet. Sacó un blue jean y una camiseta blanca. Mientas ella y su esposo se vestían, ella tenía un hueco en el estomago. Sabía que si Lorena estaba embarazada cambiaría la vida de Alejandro y que, posiblemente, la de ella. Su rostro era más pálido que de costumbre y su respiración variaba de acuerdo con los latidos de su corazón, que en el momento, bombeaba la sangre más rápido, haciendo que esta tuviera más rapidez. En su mente, rogaba a Dios porque todo saliera bien.

Consuelo solo podía pensar en la frase “Parece ser que está en embarazo”. Alejandro aún no terminaba sus estudios como contador, y seguía siendo su responsabilidad hasta el día en que él terminara sus estudios en la Universidad.

Ella y su esposo salieron de su apartamento y de dirigieron al de Lorena. Cuando timbraron, el hermano de Lorena abrió la puerta. Les saludó y les entregó una maleta. Era una maleta negra marca Totto que se veía llena debido a que era pequeña. Consuelo la recibió y salieron para la Clínica Rafael Uribe en un carro blanco, marca Lada Station wagon, modelo 94.

Cuando llegaron a la Clínica, La mamá y el papá de Lorena, junto con Alejandro abordaron a Benjamín y a Consuelo en la entrada de la clínica Rafael Uribe. Ahí recibieron el maletín.

-Es una niña.- Le dijo la mamá de Lorena a Consuelo.
-¡Ahh! ¡¿Si?! ¿Ya nació?- Consuelo miró extrañada a Alejandro. Él no decía nada.

La tez blanca de Alejandro se veía más pálida que de costumbre y sudaba frío. Sus ojos reflejaban asombro y tristeza. No sabía que decir. Sabía que lo hecho, hecho estaba y que había que asumir la responsabilidad… ¿o no?

-Sí, ya nació.- Dijo la mamá de Lorena.
-¿Y se puede ver?-
-No, ya no dejan entrar a nadie.-

Alejandro entró a dejar el maletín a Lorena. Mientras lo llevaba, veía pasar sus sueños de largo. ¿Qué iría a pasar con su estudio? Su estomago aún sentía un hueco enorme, seguía sudando frío, y, lo peor de todo, es que sus sueños se habían visto frustrados.

Sin embargo, lo que ahora más le importaba era lo que Consuelo y Benjamín pensaran de esto. Después de todo, ellos eran quienes estaban encargados de él y él había decidido jugárselas para calmar sus ansias por experimentar formas de amar con Lorena.

Consuelo es la tía materna de Alejandro. Ella le dio vivienda en Cali desde que llegó a prestar el servicio militar. Su tía siempre había sido una mano amiga desde que su mamá murió cuando él apenas tenía ocho años. Ella siempre le había dado la mano, había celebrado sus cumpleaños, siempre le había dado buenos consejos, siempre había estado ahí para él y sus hermanas. Su relación con su tía era muy cercana, más que con su abuela, quien tomó la responsabilidad de estar al frente para sacarlos a él y a sus hermanas adelante.   
Sin decir una palabra, le entregó el maletín a Lorena, le sonrío y salió inmediatamente porque la enfermera no lo dejó quedarse.  

De regreso a casa, en el carro de Benjamín, Consuelo venía hablándole a Alejandro, mientras él veía por la ventana las calles de Cali. Sentía algo muy dentro de él que no le permitía ver a su tía a los ojos y decirle “Lo siento”.

-Vea Alejandro, usted tiene que ponerse a trabajar para sacar esa nenita a adelante. Le va a tocar pasarse a estudiar por las noches. Y créame que la responsabilidad que se le viene es dura. Porque usted va a responder por esa niña, ¿Cierto?-
-Si tía.- Dijo, virando su mirada hacia sus tíos en el auto.
-Alejandro, la responsabilidad de sacar un hijo adelante es muy grande. Tiene uno que estar pendiente de ellos siempre, apoyarlos, ayudarlos y, sobre todo, guiarlos…-


 Los consejos de su tía volaron por la ventana cuando volvió a mira hacía el paisaje de concreto que se posaba en esa noche llena de sin sabores. 

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