Mientras recibo llamadas de quejumbrosos preguntándose por qué esto y no lo otro, pienso en lo linda que está la mañana. Su sol, su brisa… veo las hojas de las palmeras moviéndose, y no saben las ganas que me dan de dejar el trabajo e irme a zambullir a una piscina… Y a medida que las horas pasan y los problemas de los demás llegan a la oficina, yo sigo pensando en la piscina…
Entonces comienzo a recordar mi niñez. El sin número de veces que entré en esa piscina cuadrada hecha de baldosas azules. El millón de veces que me tiraba al sol a eso de las 10:30 de la mañana que porque, según muchos, ese era el sol bueno para coger color.
Y es que el sol en esta época del año es el mejor amigo de los niños. Es el amigo del partido de football, el compadre en la montada en bicicleta y el hermano en la piscina. Ah! Claro que no podemos olvidar la época. Si, nada más y nada menos que… ¡VACACIONES!
¡¡Ahhh!! Yo recuerdo que en vacaciones, muy a las ocho de la mañana, timbraba a mi puerta una niña de 15 años, alta con cabello rizado, y muy buenas curvas a gritar que le abriera la puerta. Luego me gritaba: “¡VEEE, MOVETE QUE HAY BUEN SOL!”. Un sol brillante, hermoso… exactamente como el que estoy viendo por la ventana. Uno empiyamado, salía a abrirle la puerta a la nena y ella entraba. Se sentaba y comenzábamos a hablar largo y tendido. Luego daban las 8:30 y ella muy campante me decía que me pusiera el vestido de baño, “A ver si coges color.” Y soltaba esa carcajada que me acababa la ilusión en un dos por tres.
Luego, después de ya acabadas las ilusiones y que me había empapada en bloqueador, nos íbamos a llamar al resto de los amigos del conjunto. ¿Y como los llamábamos? ¡FACIL! Nos sentábamos en una mesa. Esa mesa tenía un parasol verde con blanco que giraba cuando uno hacia rotar la perdiga; y eso era lo primeo que hacíamos…
Luego, clavábamos de un bombazo en la piscina y nos zambullíamos a nadar. Yo siempre emergía del fondo de primera -no era exactamente porque era la más rápida. Y ahí comenzaba… Se tomaba aire, y a la cuenta de tres, los gritos de todos los nombres de todos los amigos del conjunto comenzaban a sentirse en la mañana. Poco a poco todos los niños y niñas comenzaban a bajar a la piscina. En total éramos 11…
Entonces comienzo a recordar mi niñez. El sin número de veces que entré en esa piscina cuadrada hecha de baldosas azules. El millón de veces que me tiraba al sol a eso de las 10:30 de la mañana que porque, según muchos, ese era el sol bueno para coger color.
Y es que el sol en esta época del año es el mejor amigo de los niños. Es el amigo del partido de football, el compadre en la montada en bicicleta y el hermano en la piscina. Ah! Claro que no podemos olvidar la época. Si, nada más y nada menos que… ¡VACACIONES!
¡¡Ahhh!! Yo recuerdo que en vacaciones, muy a las ocho de la mañana, timbraba a mi puerta una niña de 15 años, alta con cabello rizado, y muy buenas curvas a gritar que le abriera la puerta. Luego me gritaba: “¡VEEE, MOVETE QUE HAY BUEN SOL!”. Un sol brillante, hermoso… exactamente como el que estoy viendo por la ventana. Uno empiyamado, salía a abrirle la puerta a la nena y ella entraba. Se sentaba y comenzábamos a hablar largo y tendido. Luego daban las 8:30 y ella muy campante me decía que me pusiera el vestido de baño, “A ver si coges color.” Y soltaba esa carcajada que me acababa la ilusión en un dos por tres.
Luego, después de ya acabadas las ilusiones y que me había empapada en bloqueador, nos íbamos a llamar al resto de los amigos del conjunto. ¿Y como los llamábamos? ¡FACIL! Nos sentábamos en una mesa. Esa mesa tenía un parasol verde con blanco que giraba cuando uno hacia rotar la perdiga; y eso era lo primeo que hacíamos…
Luego, clavábamos de un bombazo en la piscina y nos zambullíamos a nadar. Yo siempre emergía del fondo de primera -no era exactamente porque era la más rápida. Y ahí comenzaba… Se tomaba aire, y a la cuenta de tres, los gritos de todos los nombres de todos los amigos del conjunto comenzaban a sentirse en la mañana. Poco a poco todos los niños y niñas comenzaban a bajar a la piscina. En total éramos 11…
Sería genial volver a ser niña. Tirarme en la piscina toda una mañana, quemarme las mejillas, y preocuparme por el bronceado de mis piernas, las cuales nunca cogieron color. Sería genial poder disfrutar de este sol… pero por el momento, tengo que atender al señor en la línea que desea una activación.
muy bueno!!
ResponderEliminartotalmente de acuerdo..pero fresca...tu tienes aún ese alma de niña y tienes que aprovecharla con esas personitas que si la valoramos!!!
ahora entendí porque tu pregunta de la perdiga...jajja
ya era hora....congratulations lo haces super bn....
ResponderEliminarps si sabes ke ami tambien me pasaba = salia a pisciniar con mis amigos y eso eran las recochas y los parches mas fashion del mundisimo y sip tambien me pasa lo mismo recuerdo los viejos tiempo ke ya casi no hago por falta de reunir amis F...! pero nada algun día se podra volver hacerlo!
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