- No sé si soy buena - Dijo Rosa mientras Germán le hacía una mala cara. - Pero eso no quiere decir que no quiera intentarlo. Sólo estoy diciendote que no soy buena-
- Está bien. Pero, ¿sí o no? -
- Sí quiero pero no estoy segura -
- ¿Por qué no? -
- No lo sé - ¿En realidad no lo sabía? Rosa jamás había tenido la esperanza de que sí podría. No es que no lo hubiera soñado porque cada noche soñaba con ello.
- ¿No lo sabes? -
- Germán, no es que no quiera, es que no soy buena. -
- ¿Te lo han dicho? -
- No. Sospecho. Como nadie se queda... -
- No me voy a ir - Otro que lo decía. Cada que daban a conocer aquella frase Rosa estaba preparada para colocar su armadura más potente: una coraza hecha de hielo, enchapada con cinismo y sarcasmo. Y con ella se adentraba a complacer con todo aquello que ellos solicitaban. Sonaba fácil, y lo era pues no entregaba sentimiento o emoción alguna. Pero esta vez, había sido distinto. Y lo era porque German, en verdad, le gustaba.
Le había gustado desde la primera vez en que lo había visto. Lo había deseado en secreto y cuando pudo volverse su amiga, se sintió la persona más infeliz del mundo. ¿Amigos? ¿Solo... amigos? ¿De qué servía tenerlo tan al lado si no podía besarlo a su antojo?
- Todos dicen lo mismo y se han ido. ¿Por qué serías la excepción? -
- No me voy a ir, hazme caso -
- No lo sé. No soy muy buena. -
- A mí me gustaría saber si eso es cierto o falso -
- No Germán, más bien no. -
- Esta bien no. Aunque nos perderíamos de un buen momento - Con recelo a lo que iba a decir, Rosa suspiró pues se dio cuenta que con lo que iba a decir debía comenzar a despedirse de él
- Esta bien. Hagámoslo -
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23 ene 2017
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