22 nov 2015

ADELGAZAR, difícil pero no imposible.


De tanta plática, opinión y preguntas, tengo algo que decir…

Sin importar la edad, ADELGAZAR ES MUY DIFÍCIL, aunque no imposible. 

Sin embargo, este proceso tan tedioso, tan arduo, tan mezquino, se ha convertido en la moda de todos los padres de familia que ven a sus hijos de seis, siete, ocho, nueve, 10, 11, 12 y de más años, según ellos, pasados de kilos, cuando lo único que están es un poco rellenitos. Así que hoy, hablaré por estos niños… 

A estos padres que quieren a sus hijos de modelos de marcas caras y aún no lo logran, quiero decirles que tengan en cuenta que el que sus hijos sean rellenitos, gorditos, pasados de kilos ES CULPA SUYA. Y digo SUYA porque fueron ustedes quienes en sus primeros años, le dieron de todo y jamás le inculcaron un menú nutritivo y educativo en sus mentes (aunque sí los educaron con un horario de comida). 

Les abrieron la puerta al mecato, y ahora pretenden que, de un momento a otro, les deje de gustar o por lo menos lo omitan de su menú diario. Les dieron a probar de la hamburguesa, el perro, la salchicha, la papa y piden que “cierren la boca” de un momento a otro. Son ustedes los culpables de sus malos hábitos alimenticios y aun así sufren porque los ven rellenitos. 

A pesar de esto, usted es un obsesivo zombie que solo le interesa ver delgado a su hijo (porque la sociedad se lo dice). Por eso, quiero entregarle consejos de primera mano para que pueda lidiar con este proceso que es muy tormentoso para sus hijos o hijas. 

Para empezar, le recuerdo que el bienestar de su hijo no solo está en que ella o él adelgace, sino en la manera como todo este proceso ocurre en la mente de esa magnífica persona, porque ¿sabía usted que no solo los valores comienzan por casa sino que también la autoestima?


Primer consejo: Recuérdele que es un ser inteligente, hermoso y valioso. 


Sí. Lo que hacía la señora Aibileen en The Help es totalmente bueno para el carácter de sus hijos. No sea de esos padres que siempre andan sacándole lo peor a sus hijos para que ellos cambien (que no se ría así, que no camine asá, que por qué esto, que por qué lo otro…), busque otra manera para que, como dicen los psicólogos de niños, la lección entre con amor.

Recuerde que esta sociedad es tan superficial y falta de valores que, por rellenito, tímido, bajito, alto, orejón, patilluda o cualquier cosa, su hijo o hija será víctima del matoneo. 

Entréguele frases que le reconforten su alma y su autoestima. “Linda” no es una frase, sea creativo.


Segundo: Su apoyo como padre es incondicional, ¡DÉSELO!


El apoyo no es llevarle al nutricionista y pagar un gimnasio costoso donde lo ejerciten por tres horas diarias; eso es su OBLIGACIÓN como padre. 

Apoyo es comer lo que su hijo come, ejercitarse como su hijo lo hace… apoyo es llevar e ir de la mano con sus hijos en este proceso tan difícil, recuerde que no es imposible. 

Si usted como padre de familia que quiere adelgazar a su hijo, se diera a la tarea de conocer de lleno lo que le nutre y lo que no le sirve a su hijo, terminaría DÁNDOLE HÁBITOS ALIMENTICIOS A TODA SU FAMILIA en vez de entregarle una dieta semanal a su hijo que lo martirizará por toda la vida. 

Si su hijo o hija (de la edad que sea) le prohíben el mecato, las chucherías, el café, las galletas, la papa, el arroz y la yuca, usted tampoco los coma. Recuerde que las dietas para adelgazar son una tortura pues comer es un placer. 

Algo que pueden hacer juntos mientras usted le cambia los hábitos alimenticios es preparar con gusto las ensaladas de verduras que debe comer. 


Tercero: No interfiera mientras él o ella adquiere su hábito alimenticio. 


No hay fiesta de familia o de amigos que valga más que su hijo o hija. Llévelo a la fiesta pero piérdanse un rato mientras dan el pastel. Si no se pueden ir del recinto, NO COMA PASTEL… me dirán que soy vil pero… ni se les ocurra comer la pruebita porque si no PERDERÁN EL HÁBITO DE SU NUEVA NUTRICIÓN. Lleve algo que se vea tan apetitoso como el mecato y el pastel y cómaselo con su hijo o hija (Un smoothie o una ensalada de frutas puede ser).


Cuarto: No espere a que adelgace para cambiar su closet, váyalo cambiando.


De paso, exalte todo aquello que ve hermoso en su hijo o hija. Que el naranja le sienta bien, que hay que acentuar más la cintura porque ya se le está notando, que las piernas ya se están viendo más delgadas entonces prueben un vestido…


Quinto: Saque de su vocabulario las palabras gorda, gordi, gordis, chubby, llenita, repolludita, care cachete, bizcocho y todas aquellas palabras que den el adjetivo de gordo u obeso.


Existen otras como nena, nene, princesa, corazón, mariposa, campeón, belleza, o mejor, existe EL NOMBRE QUE LE DIO A SU HIJO… ¡Utilícelo! 

Esos son mis cinco primeros consejos. Finalmente, una voz de aliento para usted. No se sienta mal, los hábitos alimenticios pueden llegar a cambiar, pero usted debe ir de la mano con él o ella. No se sienta un mal padre. Apóyele de esta manera, póngase en sus zapatos, no lleve a casa dulces pecados y salga a hacer más ejercicio con su hijo o hija. Oriéntelo, muéstrele la tabla nutricional y elógielo cada vez que pueda. Y sobre todo, no coma lo que ellos no puedan comer…