2 may 2013

LAS MANOS DE INÉS

Cualquier parecido con la realidad....

Inés era una de tantos pequeños que tenía el don de imaginar... y sus manos se aprovecharon de ello. Imaginaba historias de amor. Imaginaba paisajes lejanos rodeados por criaturas míticas. Imaginaba personajes bizarros y nuevos a los ojos de los demás. Y sus manos, todos los días le hacían tomar papel y lapiz, y la sumergían en un mundo fantástico donde nadie -absolutamente nadie - lograba que saliera de él. Ni siquiera su apretada agenda con el estudio.

Sus manos, hacían que Inés escribiera lo que su imaginación la hacía vivir. Vivía de sueño en sueño, de mundo en mundo... y poco le importaba lo que los demás decían. Las manos de Inés, fascinadas por sus fantasías, plasmaban historias día y noche en viejos cuadernos que cobraban vida cada de ella cogía sus hojas y comenzaba a escribir.

Había mundos ficticios y mundos reales, habían hombres largos y desgonzados, de un color verde, habían doncellas cabalgando con espadas, peleando contra gigantes, duendes y gnomos... habían toda clase de romances... habían experiencias que Inés quería sentir.... pero las manos, celosas y temerosas de ver que Inés quería dejar de escribir para poder sentir, tomaron su vida y la metieron en un cuento.

Y este cuento era uno de hadas. Era el cuento donde Inés pasaba largas horas alimentando a sus viejos cuadernos de descripciones apasionantes que la hacían desvelarse todas las noches. En el cuento, el príncipe era de ojos azules, voz varonil y labios carnosos para besar. Inés vivía enamorada de ese príncipe, así que su doncella era tan torpe y tímida como ella.

Sus manos dejaban que Inés escribiera todo lo que quisiera. Cada día, Inés se daba cuenta que escribir era lo que mejor hacía. De esta manera, las manos de Inés escogieron el lápiz como su compañero, el papel como su amante y la escritura como su droga erótica. Si tenía algún problema, ellas hacían que Inés saciara su duelo... y así, Inés aprendió a amar.

Inés amaba escribir...

Sin embargo, un buen día, sus obras maestras fueron descubiertas. Su vida cambió, le quitaron sus cuentos. Tal fue su desdicha que su imaginación se cerró, y sus manos, que pedían a gritos escribir, sintieron como Inés se doblegaba. Y sus manos seguían pidiendo a gritos tener el desorbitante encuentro entre el lápiz y el papel ... pero Inés no escribía.

Entonces las manos de Inés, sobrias, sin su droga erótica... jamás lograron que Inés volviera a escribir como antes....

3 comentarios:

  1. Wow... pues a mi me parece que esos primeros 5 párrafos evidencian que aún sabes escribir muy bieeen. Es más, por un momento sentí que las manos de Inés habían regresado y hasta me imagine esta historia plasmada en cuento para Disney, sería perfectaaa, porque al igual que tu amo a Disney y los cuentos de hadas, por eso entiendo perfectamente todas tus historias.

    Sin embargo, después del párrafo 6 noté que sigues empeñada en CREER"TE" que ya no es así. Tu misma pusiste tus manos a dormir y de ti dependerá que sea eternamente, solamente de ti, porque en este tipo de cosas que son tan internas, no hay beso de príncipe que valga.

    Te quiero

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  2. Creo que eso es lo que más me duele. Que no necesito del supuesto príncipe, todo depende de mí. Pero por algún motivo, no logro encontrar despertarlas del todo... lo estoy intentando

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  3. Todos los días se aprende. Hoy no somos los mismos que ayer, ni seremos iguales a los de mañana. El ser humano siempre conservará su esencia, pero a cada segundo cambiamos. Así que no niegues tu esencia, porque a pesar de todo lo que nos pase eso nos forma y nos hace crecer. ¡¡¡¡Es más fácil caerse que LEVANTARSE!!!!

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