
Hay momentos de momentos… esos momentos decisivos en los que tu futuro no depende de ti, sino de otros… ¡Esos momentos que uno quiere ver, pero aun no están!
Es el caso de la típica llamada que uno espera después de una cita romántica, en donde vives pegada del teléfono no malgastando la línea telefónica sino sentadita, al lado del teléfono esperando a que suene y sea ¡ÉL!… y no sabes por qué, pero esta vez cuando tu mamá habla con tu abuela o su mejor amiga, concuerdas con tu papá que el teléfono se hizo para acortar distancias y no para alargarlas.
O el penoso caso que alguna vez te tocó vivir cuando por vez primera te ibas a presentar en frente de todo un auditorio… esa cosa que sentiste en el estomago que te envió corriendo al primer baño del backstage, te hizo vomitar y la profesora te miró y dijo: “¡Uy no! Ese almuerzo como que le iba cayendo mal. ¡Si ve! Vea póngase esta camiseta para que no vaya a chorrear el vestido antes de la presentación”. Un disfraz de ángel que lleva unas alotas con las que ni te puedes mover porque ¡NO cabes por ningún lado del backstage! El problema no fue que uno vomitara el disfraz. El problema es que a uno le tocó desvestirse, ponerse esa camiseta que huele a guardado y que le queda cual vestido de fufurufa, para estar corriendo cinco minutos antes de salir a escena porque ¡NO SABES COMO PONERTE EL BENDITO DISFRAZ DE ÁNGEL!
¡¡SI! ¡ESAS ANSIAS! Las que lo llevan a uno al borde de la locura, que lo ponen a uno en situaciones vergonzosas y que más de uno te dice: “Tranquilo, aguarde y verá. Todo se solucionará.” Esas ansias son un síntoma de ese ser pasivo agresivo en el que me he convertido de tanta espera, pues desde el lunes 17 espero respuesta alguna, y no hay nadie que llame para decirme qué va a pasar. Esas ansias me están matando…
Jamás en mi vida me había obsesionado tanto por el teléfono. Jamás en mi vida había tenido mi celular tan cerquita a mi cuerpo… jamás de los jamases me había imaginado que algún día estaría con este hueco en el estómago, esperando una llamada para saber qué deparará el destino. Con un solo SI o un NO, basta, pero que no lo tengan a uno en esta intriga.
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