4 abr 2017

Despertando....

Cada momento, cada lugar, cada cara, cada recuerdo... vives en poder de lo que no te importa y lo que desprecias, y jamás te das cuenta del daño que hiciste. ¿Qué dañaste? Quizás un corazón, quizás tu soledad, quizás tus espacios, esos senderos, calles, lugares que cuando vuelves solo sientes un sinsabor... ¡Te dañaste! Ya no existe aquel escudo de hierro -ese impenetrable muro helado- que con esfuerzo y lágrimas construiste durante toda una vida... 

No sabes cómo volver a ser de hielo, de piedra... Buscas y revuelcas y miras detalladamente qué hacer para volverlo a construir... y no puedes... hasta que un día... 

Pierdes las ganas… y le dices al viento que se lleve lejos toda tristeza, todo anhelo insano… que se lo lleve a él. Además todas las noches destierras de tu mente esa dicha que ya es amargura y obligas al subconsciente a derribar esos recuerdos cariacontecidos que una vez fueron material de dulce y de arcoiris…. Cada noche en la cama sacas tu mejor frase terapéutica y se la entregas a tus sueños para que no le anhelen... Cada mañana en la ducha rezas para que tu imaginación le destierre... 

¿Pero cuál es la desdicha? El sol brilla, el viento corre por tus venas, tu piel se ha puesto más tersa... quieres vivir... ¿Pero cuál es la desdicha? ¿Será que te amarga sentir que no hubo química? ¿O aceptar que no sabes querer? ¿o quizás te apena saber que sientes y no sabes expresar? Quizás son todas. Y reflexionas: Quizás no fuiste tú sino que era él. Así que por más que tu quisieras dar, él jamás sentiría, jamás comprendería, jamás te querría... jamás te quiso. Y entonces reconoces el error, ACTUAR SIN PENSAR. Quizás si no hubieras actuado seguiría a tu lado y serías feliz solo por eso. O serías infeliz al verle besar a otra... Aún así, entiendes que no eres del todo hielo y que entregas tanto que cuando no sabes qué hacer, no entregas nada. Así que él jamás sentiría, él jamás comprendería, él jamás te querría... él jamás te quiso.

Ya no se vale mirar de lejos pues no eres de hielo... y te das cuenta que nunca lo has sido. Y no eres tan poca cosa como para mirar apartadamente. Es hora de comenzarte a amar... 

Comienza hoy dándole gracias a quien te arruga el corazón porque por vez primera entendiste la lección... pero no lo quieras de vuelta, no lo quieras para verle y no tocarle... ¡más bien tócate tú! Cambiate el look, nutre tu cabello, purifica tu piel, recorre lugares nuevos y aprende a hacerte fiel...