23 jul 2015

La locura de ser mejor amigo - Parte 5

Nunca hubo un NO por respuesta. Siempre hubo una razón... 
pues su argumento era que siempre habían estado juntos... 

La miró de arriba a abajo. Era pálida y su mirada era distante. Llevaba puesto un vestido rojo. Quería hacerle tantas preguntas pero primero debería salir de su habitación.

- Si sales, él verá. -
- ¿Por qué aquí? ¿Por qué a ti? -
- Porque nunca hay una razón coherente, ¿lo recuerdas? -

¿Cómo olvidarlo? Cada impulso se convierte en una razón, cada razón tiene explicación si, y solo si, se le da una lógica, por ende, nunca hay una razón coherente. Habían sido las exactas palabras de Inés aquel día en que el hombre I había olvidado llegar a cierta cita. Días después se dio cuenta que su razón incoherente era un asunto con una niña.

- Si, tras de ingrato, ¡INTRÉPIDO! -

Sin embargo, hoy debía haber una razón lógica de su partida.

- No puedes buscar respuestas donde no las hay. Yo no era quien llevaba el arma. -
- ¿Por qué? -
- Deja ir esos interrogantes - Se le acercó un poco más a Andrés. Colocó su cara pícara, esa que siempre hacía cuando le iba a pedir un grande favor.  
- ¿Y qué tengo que hacer? - 
- El alma del ser humano debe ser feliz para emprender un fantástico viaje - Entendió sus palabras.

Sabía por qué Inés se había materializado. Estaba al tanto del por qué había sido él a quien ella había acudido. Sus cuentas terrenales aún no habían sido saldadas. Conocía algunas, como el amigo rosa, pero no sabía como ser su abogado. No sabía como los demás creerían que sus palabras las decía ella y no él. 

- Son solo tres cosas. La primera ya la has hecho. La segunda está en la mesa de noche.... y... no recuerdo la tercera. Fue la primera que olvidé. La de la mesa de noche no la recuerdo muy bien. - Andrés caminó hacia la mesa de noche y abrió el último cajón. Había una caja color verde lima, la cual destapó con muchas ansias. En ella había una pulsera, una pluma de plata que tenía grabado un mensaje en latín, una agenda y una cámara digital. Guardó todo en su maleta.

- ¡Salgamos de aquí! - dijo Inés con un tono aventurero. Andrés abrió la puerta e Inés lo tomó de una de sus muñecas. Fue más una brisa fría la que llamó su atención. Miró la mano pálida que medio lo estaba tocando y subió su mirada hacia sus ojos. - Que ella no te vea -       

Despacito, cerró la puerta. Se sintió paranoico. Miró a todos los lados y ahí lo vio, mirándolo intensamente. Venía hacia él. Andrés tragó saliva. 
- ¿Qué hacías en la habitación de Inés? - Dijo mientras caminaba. 
- ¡Es él! El hombre I -