9 may 2013

ESCENA DE AQUEL CUPIDO

Aquel pequeño de alas con arco y aljaba en su espalda, entraba a la morada de Baco, quien había ganado su popularidad debido al éxito de su vino. Caminó a paso ligero, miró para todos lados y sonrío tras ver aquel amigable rostro que Baco le ofrecía al verle en su casa.

El pequeño caminó lo más rápido que podía hacia Baco. Una vez que el niño de alas y aljaba estaba al lado del anfitrión, tomó la túnica de tan respetado empresario y jalándola varias veces, al disimulo le dijo,  "Baco, tengo un problema."

Atendiendo su bar, y un tanto en afán, Baco miró al niño, "¿Qué pasó ahora, Cupido?"
"¿Nos sentamos?" Preguntó Cupido un tanto preocupado.  
"Bueno, pero que sea breve. ¡Eh! ¡Ceres! Traete cereal para niño"

Sentados en una de las mesas del área VIP, Cupido puso su arco y aljaba en la mesa y ya exaltado miró a Baco. 
"¿Pero qué pasa Cupido? Nunca te había visto tan preocupado" 
"¿Recuerdas aquel lío por el que todos sufrimos que comenzó por uno de mis intentos de tiro al blanco?"
"¿Cuál de todos?" - Ceres sirvió cereal al niño y Baco tomó su vasija y puso vino en el cereal. Cupido iba a responder pero Ceres esperaba a escuchar algo. - "Ve a atender" - A regañadientes, Ceres se alejó de los dos amigos, que cuando se reunían, el tiempo se convertía en lujuria.  
"¡ESE! El que duró cinco años y como 30 días." - Baco negó con su cabeza. - "Niña virgen, 19 años con hombre, gordito, bajito, 13 años mayor que ella"
"¡YA LO RECUERDO!" - Exclamó Baco muy contento. Cupido asintió con una sonrisa que pronto se convirtió en mueca - "Los mejores seis años de noticias en este recinto. ¡Como nos divertimos con las novelas de esa niña!"    
"Que bueno que te gusten ese tipo de noticias porque...."
"¿¡Porque qué?!"
"Es que le di"
"¡¿A quién le diste?!"
"A ella, le di"
"¡OTRA VEZ A LA MISMA NIÑA! ¿Cuántas veces lo has hecho? ¿Tres? ¿Cuatro? "
"Nueve para ser exactos" - Dijo Cupido preocupado
"¡Por Júpiter, Cupido! ¿Qué no te bastó con las tres primeras?"
"Lo siento. Pero es que siempre se mete donde no la han llamado"
"¿¡No será que no apuntas bien?!"
"Es culpa del cereal con vino, ¿sabes? Me dan agallas para meterme en problemas"
"¿Y cómo fue?"
"Pues yo estaba ahí. Y él estaba alla y ella estaba acullá. Y la mujer de él estaba un poquito más hacia él. Y cuando ya iba a tirar, ¡ZAZ! Se acomodó ella y le pegué justo en la parte más difícil de sanar la herida"
"¿Donde?"
"Su autoestima" - Dijo Cupido acongojado.

Baco y Cupido se tomaron un largo sorbo de vino. 
"¿Y qué has hecho para remediarlo?" - Preguntó Baco, interesado. 
"Bueno, resulta que.. las flechas de plomo me las decomisó Júpiter, así que tuve que ir con los mayores"
"¿Y?"
"Papá me quiso ayudar... el problema fue que empeoró las cosas cuando generó toda una guerra dentro de ella, ¡Pobre niña! Es tanta que no logra tener concentración alguna. Y hasta anda pidiéndome explicaciones por sus amores no correspondidos"  
"¿Y tu hermano? ¿No que te puede ayudar con eso?"
"Siii....¡El problema es que ANTEROS me dijo que NO ME VA A AYUDAR!"
"Pobre niña" - Dijo Baco, compasivo
"Y se me ocurrió la idea de retroceder el tiempo.... pero resulta que a Ops le dio porque no me puede ayudar que porque ¡no puede devolver el tiempo!"
"¿¡Y Júpiter ya sabe?!"
"¡Me va a destrozar con sus truenos cuando Mercurio se lo diga. Porque ese chismoso ya se dio cuenta y le va a contar a Júpiter, estoy seguro."    

De pronto, Cupido miró a su amigo con ojos risueños. 
"¿Qué?"
"Tengo una idea"
"¡A NO! A mi no me metas en tus líos. Más de una vez te he dado la ayudita y ambos sabemos que no termina bien"
"Bueno." - Cupido bajó su mirada - "¿Me das más vino?"
"Pero poquito, ¿bueno?" - Baco sirvió a su amigo de juegos lujuriosos un poco de aquel vino tan apetecido.
 Inspirado en la peli DIVINA CONFUSIÓN 

2 may 2013

LAS MANOS DE INÉS

Cualquier parecido con la realidad....

Inés era una de tantos pequeños que tenía el don de imaginar... y sus manos se aprovecharon de ello. Imaginaba historias de amor. Imaginaba paisajes lejanos rodeados por criaturas míticas. Imaginaba personajes bizarros y nuevos a los ojos de los demás. Y sus manos, todos los días le hacían tomar papel y lapiz, y la sumergían en un mundo fantástico donde nadie -absolutamente nadie - lograba que saliera de él. Ni siquiera su apretada agenda con el estudio.

Sus manos, hacían que Inés escribiera lo que su imaginación la hacía vivir. Vivía de sueño en sueño, de mundo en mundo... y poco le importaba lo que los demás decían. Las manos de Inés, fascinadas por sus fantasías, plasmaban historias día y noche en viejos cuadernos que cobraban vida cada de ella cogía sus hojas y comenzaba a escribir.

Había mundos ficticios y mundos reales, habían hombres largos y desgonzados, de un color verde, habían doncellas cabalgando con espadas, peleando contra gigantes, duendes y gnomos... habían toda clase de romances... habían experiencias que Inés quería sentir.... pero las manos, celosas y temerosas de ver que Inés quería dejar de escribir para poder sentir, tomaron su vida y la metieron en un cuento.

Y este cuento era uno de hadas. Era el cuento donde Inés pasaba largas horas alimentando a sus viejos cuadernos de descripciones apasionantes que la hacían desvelarse todas las noches. En el cuento, el príncipe era de ojos azules, voz varonil y labios carnosos para besar. Inés vivía enamorada de ese príncipe, así que su doncella era tan torpe y tímida como ella.

Sus manos dejaban que Inés escribiera todo lo que quisiera. Cada día, Inés se daba cuenta que escribir era lo que mejor hacía. De esta manera, las manos de Inés escogieron el lápiz como su compañero, el papel como su amante y la escritura como su droga erótica. Si tenía algún problema, ellas hacían que Inés saciara su duelo... y así, Inés aprendió a amar.

Inés amaba escribir...

Sin embargo, un buen día, sus obras maestras fueron descubiertas. Su vida cambió, le quitaron sus cuentos. Tal fue su desdicha que su imaginación se cerró, y sus manos, que pedían a gritos escribir, sintieron como Inés se doblegaba. Y sus manos seguían pidiendo a gritos tener el desorbitante encuentro entre el lápiz y el papel ... pero Inés no escribía.

Entonces las manos de Inés, sobrias, sin su droga erótica... jamás lograron que Inés volviera a escribir como antes....