Quien aún no era canción, ni margarita escribió:
Querido EROS:
Admito que soy una romántica empedernida. Admito mi más sentido erótico con el romance y la fantasía. Estoy al tanto de mis vuelos a media noche con mis más oscuros sentires fervorosos y soy consciente de la gran ayuda que me das cada que estoy escribiendo. Agradezco todo aquello que has hecho por mí y mi inspiración, y no queda más que darte las miles de gracias por despertar en mí, curiosidades extrañas y estrambóticas... Sin embargo.....
¡SOY TU PEOR EXPERIMENTO! Y eso no es lo peor.... ¡SOY EL EXPERIMENTO QUE MÁS FALLA!..... ¡Y AL QUE MÁS DURO LE DAS!
Es por eso que te pido un gran favor.... ignora este experimento tuyo. Tirame a un rincón, imagina que yo no existo y pasame tu corazón de hielo, así dejo de sentir.Desvía tus flechas y haz que esas emociones jamás vuelvan a mí.... y más aún, cuando soy un experimento fallido. ¡Deja tu testarudez! ¡NO OCURRIRÁ!
Te pido el favor que hables con los demás para que bajes los niveles de oxitocina, dopamina y feniletilamina en mi sistema... pues ya has comprobado que soy un experimento fallido y que...
¡Jamás seré canción y margarita!
Sellado el sobre y puesto a correo, quien aún no era canción, ni margarita tuvo que soportar inviernos vacíos y veranos fríos.... pues Eros, no había logrado cambiar su reputación de experimento fallido.
Un buen día, cuando ya agonizaba en su desespero emocional, quien aún no era canción , ni margarita recibió un sobre. En él decía:
Quien aún no es canción, ni margarita:
Hemos intentado hacer lo posible por bajar tus niveles hormonales, pero ¡ES IMPOSIBLE! No tenemos cura alguna. Desde que te crearon, fuiste fallido. Perdona por no poder ayudarte.
Por cierto, en cuanto a mis flechas, jamás han sido apuntadas a ti.
Así que quien aún no era canción, ni margarita se echó a llorar, y en su lúgubre desespero emocional, su corazón se heló.
