Pues si lo único que últimamente hago es reflexionar....
Hay días en los que nos llegan en grandes cantidades y por más que intentemos no cesan. Son como una lluvia de aerolitos y uno no sabe cuando acabará. Uno espera y los días pasan pero no acaban... así son los golpes de la vida.
Están los golpes económicos. Esos que no solamente hacen al ser humano más frágiles sino que en medio del desespero, comenzamos a darnos cuenta de nuestras fortalezas, calidades y actitudes, y por ello, comenzamos a aguantar, a resistir... A veces añoramos lo que se nos ha ido, ¿Cómo no extrañar aquello que alguna vez te hizo la vida más fácil?
Quedarse sin casas, autos, dinero. No saber exactamente qué va a ocurrir en su vida porque se ha quedado sin nada para sobrevivir debido a un error que cometió. Es tanta la desesperación por sobrevivir que sus joyas yacen en un almacén de cambios y sus mejores ropas ya no son lo que solían ser. El estudio de sus hijos ha quedado a un lado porque no hay como pagar, y las ganas de volver a salir adelante cada vez se desvanecen más. Sin embargo, uno sigue ahí, y es imprescindible el apoyo de sus seres más cercanos y queridos.
Hay golpes físicos que nos cambian la vida por completo. Se vuelven parte de la vida de uno, y son literalmente golpes, choques, momentos que no solo dejan una herida psicológica, sino CORPORAL. Tener enyesada una pierna debido a una caída por unas escaleras, que su cara esté raspada por un fuerte accidente de tránsito, y sin lugar a dudas, ser diagnosticado con una enfermedad terminal.
Además, están los golpes emocionales. Esos que generan un cambio en nuestra inteligencia emocional. Aquellos hoyos en el corazón que algunas veces sentiremos hollarán nuestros recuerdos. Una relación finiquitada, un amor no correspondido, el entierro de un ser querido.... Duelen, pero hay que seguir adelante. Algunos serán recordados como amarguras y otros, tendremos la suficiente madurez para mirar atrás, sonreír y seguir con nuestras vidas...
Muchos más podremos encontrar en nuestras vidas, pero estos tres siempre nos darán algo que aprender. ¿Y qué se aprende? A sonreír siempre, a tener paciencia, a poner los pies sobre la tierra, a no desfallecer, a ampliar conocimientos y, sobre todo, conocer lo que somos y de lo que podemos llegar a ser y hacer...
