¿Qué? Es mi mayor influyente... y estoy orgullosa de ello.

Lo acepto. Soy de las que creció en medio de una habitación rosa, rodeada de Barbies, viendo pelis de Disney. Mi clásico favorito de Disney es La Bella y la Bestia pero siempre me ha enamorado más la idea que existen sirenas y que los marinos pueden enamorarse de ellas. A medida que fui creciendo me fui enamorando más de Disney, tanto que desde mis 18 tengo la idea de trabajar para Disney como escritora de guiones. ¡Yo amo Disney! Sobretodo, amo la idea de viajar a un mundo fantástico con todas sus pelis. Sin embargo, a medida que voy envejeciendo me doy cuenta que Disney me malcrió en una pequeña cosa -y que quede claro que no tiene nada que ver con mis sueños y metas. ¡Disney supo venderme los principes azules y los finales felices erróneos!
Es que a mis pocos 24 años me doy cuenta que todo hombre es bestia hasta que encuentra a su querida compañera. ¡Acéptenlo hombres! ¡Nosotras les mejoramos hasta la pinta! ¡Si hasta les enseñamos a comer! Porque si nos ponemos a analizar fue Bella quien convirtió a la bestia en príncipe. ¡Esta bien! ¡Esta bien! Ella termina como una princesa en un castillo, pero al fin de cuentas, ¿Quién será la que de las órdenes de cómo arreglar el castillo? ¡O no se acuerdan como tenía la bestia la habitación donde guardaba con recelo la rosa del encantamiento! Además, también nos deja una gran enseñanza: ¡algún día sacrificas tus sueños por un hombre! Ella quería aventuras que al mundo asombraran...
Otro ejemplo de ello es la princesa Jazmín. Si, porque ¿Quién diantres se enamora de un vago? ¡TODAS LO HEMOS HECHO! Por vago me refiero a alguien que nunca está en la casa y que no quiere más que ver el mundo. Es que este vago de Aladdín se ganó la lotería. ¡Jazmín tenía EL DINERO DE LA VIDA! Lo peor de todo es que el prototipo vago entra a la vida de la doncella con cara de yo no fui, mintiéndole de su situación económica, y ¡UNA LENGUA! ¡uno le cree todas! ¡Hasta lo que uno sabe que es mentira! ¡Ah! Y yo no sé porque, pero estos vagos son de ¡UNA SUERTE!
¡Qué me dicen de la Cenicienta! Es la segunda princesa que Disney sacó y a ella le tocó hacer ¡todo! Desde llegar sin invitación hasta hacerse poner la zapatilla. ¡Y es que ese príncipe era más perezoso! ¿Quién fue el que fue a buscar la doncella dueña de la zapatilla? Él no fue. Ahora bien, pobre mujer quedó con el príncipe, si, pero... ¿Quién quita que la vaya a poner de mantequera? ¡Si ni siquiera fue a ver con quién se iba a casar!
Ahora bien, ¿De cuándo acá uno puede poner a cantar y a hacer los quehaceres a los animales? Esto también pasa en el primer clásico de Disney, Blancanieves. Bueno, ella si tuvo todo lo que quería. Ella quería un príncipe, ¡y lo obuvo! Ahí la pobre madrastra es la que juega el papel de mala cuando es la víctima. ¡No ven que Blancanieves es la morronga! Vive con siete viejos a las afueras de la ciudad, ellos están enamorados de ella, y ella los utilizó para que le dieran posada y comida. La muy interesada queda con el príncipe, que es el lindo de la película. Pero, ¿quién le para bolas a la madrastra? ¡Pobrecita! Es que es de ver.
La Bella Durmiente es un final feliz que comienza con un romance y termina con un romance. Tras de ser hermoso y chistoso, el príncipe Felipe es eso, ¡UN PRÍNCIPE! A mi me vendieron esa idea... de razón uno siempre busca eso... y es que en esta historia, uno suspira desde la primera escena hasta la última. Ya quisiera uno que un man tan papacito y príncipe lo fuera a buscar de la manera como Felipe busca a Aurora... este es un final feliz que jamás ocurre de esa manera.
Pocahontas es una historia un poco menos realista que la de los amores de verano. No es ni un final feliz, ni triste, no se sabe si volverá o no... solo se sabe que pasó y que si vuelve a pasar solo será en VERANO. Creo que este es el final más realista de todos...
Finalmente, porque son los Clásicos con príncipe azul y finales felices, está ese marinero de ojos azules y cabello negro que se enamora de una inocente peliroja muda. Y es que esta peli me parece hermosa, divina y no sé si es porque siempre me han gustado los pelinegros- ojiazules. Más bien creo que me gustan así por el príncipe Eric. Y es que cuando salió la peli yo estaba tan peque que creo que por eso me encanta la condenada... pero ahora, me he dado cuenta que, aunque era una pinta de man, era medio aprovechado. El príncipe Eric era un inocentón que buscaba una nena linda que lo salvara de ser ¡AHOGADO! Es decir, el quería una morronga que lo salvara de sus fechorías y que le perdonara todo lo malo ocurrido en estas. ¡Pobrecita Ariel!
Yo sé que tal vez me dirán "Ay y qué pasa con Tiana y Rapuncel. Ellas también son princesas". Si! Pero yo no crecí con ellas. A mi me tocaron las princesas que ¡querían casarse! A mi me tocaron las que cantaban con voz de soprano canciones que casi ni se entendían. A mi me tocaron las que se veían todas inocentonas y no le pegaban ni a una mosca, las que hacían el aseo en la casa y eran de ¡CASA! Que la sociedad me ha corrompido y la experiencia me ha dicho que debo ser más como Tiana y Rapuncel es diferente. ¡No ven que en La princesa y el sapo, la inocentona, bruta que sueña con casarse es Charlotte! Ahora esas así pasan al segundo plano... pero bueno, eso lo explico después.