3 feb 2011

EL HOMBRE PERFECTO


Hay quienes dicen que la perfección está en el placer, pero créanme, estoy llegando a ella sin chocolates, helados, crispetas, galletas, Chocoramos… ¡Así que ese cuentico me lo van es echando por la borda porque no tengo la más mínima idea de cómo voy a subir al cielo y volver a bajar sin consumir eso que para mí es placer! Bueno, a decir verdad, sigo en mi intento descabellado por bajar unos kilos y me está yendo muy bien (bueno, bueno, no soy muy buena haciendo ejercicio, pero ahí voy). Es por eso, que para calmar mis ansias de lo que llamamos en Colombia MECATO, yo he iniciado una buena investigación sobre la perfección… y que mejor que comenzar con lo más embriagador de la vida: ¡LOS HOMBRES!
Si niñas, ¡No nos hagamos! Hacemos que los odiamos pero no podemos vivir sin ellos, y cuando vivimos con ellos los queremos transformar de par en par. ¡No se hagan! ¡Yo las he visto y escuchado! Hay varias de ustedes, niñas, que tienen una lista de cualidades y defectos las cuales repasan antes de salir a una cita. Es más, tengo amigas fresas que los requieren con cierto tipo de vestimenta y cierto tipo de perfumes. Tengo otras amigas por ahí, que no quiero comenzar con nombres pero que son adictas al football, que los prefieren cual Sergio Ramos, con cuerpo y bronceado.
No se les haga raro que en conversación de mujeres (si, porque a su novia le dio por llevarlo ese día a comer con sus amigas, y usted está cual hongo en esa mesa) salga el tema de que el tamaño importa, el dinero también y que no hay peor cosa que un man gordo (pregúntese por qué hablaron del man gordo, si, tóquese el estomago mientras lo hace). Y es que en esas conversaciones sale la experiencia de la una con LA COSA; la historia de la otra con el Looser que jamás va a volver a llamar; el corazón partido de pepita porque siempre se mete con la misma clase de pendejo; la boda de la chismosa de la clase y el novio que se emborracho cinco minutos después de llegar de la iglesia; el hombre tan horrendo que se consiguió la ñoña… créame, si su novia lo quiere, no va a hablar de sus experiencias, así que puede respirar.
Hay otras que somos bien freaks que tratamos de buscar el prototipo de hombre igualito al personaje favorito de nuestra serie favorita… mírenme a mí con Merlín: alto (1.85), ojos azules, cabello negro, blaaaancoo, flaaaco, inteligente, apasionado, chistoso… ¿ya me captaron? Yo sé, yo soy bien freak.
Es que niñas, nosotras sí que aspiramos a un George Clooney o un Brad Pitt… pero entendámoslo, allá los hacen, los crean… mientras a uno le toca vivir en el mundo real, con hombres reales, que no cumplen ni la cuarta parte de esa lista de cualidades pero que si cumplen todas las imperfecciones en la lista de los defectos, es más, hay quienes hacen que esa lista crezca... ¡NO OSORIO, NI MEDINA, NI PEÑA! ¡NO HABLO DE USTEDES!
Pero volvamos con la perfección. Sí, porque hay hombres perfectos… que aún no hayamos encontrado el primero en este mundo real es otra cosa. Personalmente, mi hombre perfecto (a parte de lo ya mencionado) es uno cariñoso, leal, respetuoso, responsable, comprometido, que tenga ganas de salir adelante, que entienda que necesito de mis espacios, que entienda que no le voy a hacer una escena de celos porque se va a rumbear con sus amigos y amigas, pero que en el momento en el que sea pillado haciendo de las suyas ha dado vía abierta para recibir una prueba de su propia medicina (y lo haré muy descaradamente). Mi hombre perfecto no le gusta el football, ni le gusta fumar, y no es de los que se emborracha. Él deberá comprender que soy medio rubia y que sin duda alguna soy tal como Serena Tsukino. Deberá entender que antes de tener sexo va a ser testeado demasiadas veces, hasta ganarse lo que ha pedido. Eso sí, debe ser muy creativo. Mi hombre perfecto no tendrá vergüenza de mí, es más, me amará tal como soy.