Esto es un poco de lo que viví durante una tarde de Junio del 2009 al lado de ese ser TAN ESPECIAL en mi vida. ¡¡¡Te quiero demasiado loquita!!!
Sentada frente al computador Dell, Alejandra canta “That’s just the way we roll”, una canción de The Jonas Brothers, mientras mira las últimas fotos de Skandar Keynes, un actor británico que la dejó fascinada desde que lo vio en The cronicles of Narnia; según ella, “He’s SO HOT!”. Su cabeza sigue el ritmo de la música mientras ella para en una de las fotografías para poder coreografiar el coro con sus extremidades superiores. Maneja sus manos de una manera impresionante, generando ganas de seguirle en ese baile que cada vez aumenta al entrar en el clímax de la canción. Su cabello, acompañado por una boina café, se mueve siguiendo el ritmo de sus manos y cabeza. El coro termina y ella pega un gritico:
-Oh! –Y toca con la yema de sus dedos, su cabello lacio, azabache.
-¡Alejandra! Bájale un poquito a eso que no vas a dejar dormir a mis papás.
-Ahhh –Protesta Alejandra haciendo una mala cara, que parece más un insulto, que un gesto de enojo.
-Pero no me mires así.
-¡Ve y que! –Esta vez, en el instante en que lo dice, levanta sus cejas y mira mal, pero le baja a la música.
Sigue mirando esa carpeta interminable de fotos. De pronto mira el reloj del monitor, para de nuevo en una diapositiva y coge su celular Motorola W175.
-Llámame Sebastián, ¿Por qué no lo haces? –Lo dice samaqueando el celular, como si sacudirlo fuera la respuesta a esa llamada que tanto anhela.
Se para del escritorio y se dirige a la nevera. La abre y le mira. Absolutamente nada en ella.
-¿A qué hora van a ir a mercar mis papás?
-Ni idea ‘le –Le dije.
Alejandra suspira con un gesto de enojo y saca la jarra plástica del agua. Se sirve un poco en un vaso de cristal y regresa al escritorio. Se acomoda su falda azul oscura para sentarse, pero es interrumpida por una melodía que desde el medio día ella deseaba escuchar. El número que aparece en su pantalla es desconocido, pues no saluda diciendo el nombre.
-Aló… ¡Hola José!... ¡¿En diez minutos?!... Bueno. Bye. –Cuelga su celular. Inmediatamente, se lleva la mano en la falda y se la agarra para que no se vea nada. Luego, se inclina un poco al escritorio, agarra el mouse, cierra el archivo de fotos y apaga la música. Su mano se dirige a su cabeza y tocándose la boina dice:
-¡Ah! No me he maquillado. –Sale apurada para su cuarto.
Quince segundos después, Alejandra regresa a la sala para maquillarse frente al espejo de esta. Toma su pestañina y se la pone con mucha sutileza. Cuando termina de ponérsela, parpadea y sonríe. Se toca su cabello y se lo trae delante de los hombros. Se acomoda la boina café y se vira para mirarse la espalda, que está cubierta por una camiseta al cuerpo café. Sonríe. Se da cuenta que le hace falta brillo en los labios y que José está por llegar. Se apresura al baño y se cepilla los dientes.
Regresa al espejo de la sala. Busca su brillo de Victoria’s secret y lo abre.
-Manita, me podes traer las sandalias café oscuro, ¿¡por fa?! –Dice mirándose al espejo, dándose los últimos arreglos en la camiseta café al cuerpo y en la boina. Se para de lado al espejo y se sume lo que más puede para decir
-Estoy muy gorda. –Luego me mira y cae en cuenta que sigo mirándola de arriba abajo.
-¡Manita las sandalias! –Me dice en un tono mandón.
-Ahh! –Ahora soy yo quien me quejo. Me paro del sillón y voy hasta su cuarto por esas sandalias color marrón. Tal son su belleza, que hacen de su pie uno más delicado que de costumbre.
Cuando regreso, veo que ya termina de ponerse su brillo. Se mira al espejo, estira los labios como si fuera a darle un beso a este, sus manos hacen el signo de paz y su cuerpo termina posando en frente de lo que ya se ha convertido en un fotógrafo.
Le paso las sandalias y ella se las coloca a prisa pero siempre con tal finura que recuerda a una princesa de las que Walt Disney ha inventado en películas.
Vuelve y se mira al espejo. Vira el tronco, mirándose si se ve delgada o gorda.
-¿A vos no te parece que me he engordado? –Me pregunta detallando mis gestos y mirada.
-No –Le respondo negando con mi cabeza y estirando mis labios.
-¿Esta blusa me hace ver gorda?
-¡No! –Respondo un poco insistente –Estas súper bonita, deja la bobada.
-¡Ay! ¡Hoy se presenta Andre! –Me dice en un tono entusiasta, justo cuando da silenciosos aplausos.
De repente, suena su celular y un pito de carro entra por la ventana. Alejandra se apura a terminar de verse en el espejo. Se acomoda su falda azul oscura y hace otra pose coqueta. El pito vuelve a sonar. Ahora sí, Alejandra se apura a dejar la casa. Antes de salir me dice
-Manita, me apagas el computador, ¿Please? Gracias. Bye manita.
-Bye. Mucha suerte. –Le respondo sentándome en la silla del computador.
Alejandra cierra la puerta, y yo me dispongo a escribir lo que acabo de ver.
