Seis de la tarde del día antes de viajar y uno apenas está haciendo la lista de lo que hay que salir a comprar… Esta lista es nada más ni nada menos que todos esos implementos que uno no tiene o que ya se están acabando, convirtiéndola en la excusa perfecta del por qué uno aún no empaca. Esta lista está escrita con letra chiquita y cubre los dos lados de una hoja tamaño oficio. En mi caso, la lista tenía, además de accesorios y ropa, un sin número de implementos de aseo personal, los cuales incluían el bloqueador, el repelente, una crema hidratante y un splash.
Generalmente, cuando uno sale a hacer las compras de la famosa lista, uno va solo. Uno va a lo que va, a hacer esas compras y ya. Sin embargo, ese día su mamá le dio por acopañarle que porque había salido temprano del trabajo, y no estando satisfecha, le ha pedido a su papá y a su hermana o hermano menor que les acompañe y ellos, uno no sabe por qué, pero dijeron que si. Plan compras con la familia y uno con una lista de cosas que… bueno, esto fue lo que dijo mi mamá de la lista “¡El colmo! ¿¡Es que me vio cara de qué?! ¡Me recorta esa lista me hace el favor!” Uno sale, después de media hora, recortando la bendita lista y el papel que utiliza ahora no es tamaño oficio, sino tamaño carta. Se le va sólo una sola página, la letra ha comenzado a crecer y cuando uno entrega la lista, la mamá vuelve y dice: “¿Cómo así que vestido playero? Si usted tiene uno en el closet bien bonito. Nunca se lo pone.” ¡¿Cómo le explica uno a la mamá que ese vestido es de dos temporadas atrás y que ya no se ve bien?!
Después de hacer uno y otro recorte en la lista, uno termina utilizando ¼ de papel carta y la letra ya va en tamaño normal, si, porque su papá no logró leer. La familia sale bien contenta a hacer las compras. ¿Y qué rayos ocurre en la durante la compra?
No sé si a ustedes les pasa pero, más de una vez su mamá hizo una leve insinuación como “Jmm… No, no, no, ese bloqueador no me la protege. Vea, lleve este que le cuesta más pero es mejor”… Y uno no sabe porqué pero el papá ya se perdió. ¡UNO NO SUPO PARA DÓNDE SE FUE Y POR QUÉ NO LO SIGUIÓ! La hermana menor ya está pidiendo cremas para peinar y para el cuerpo. La mera decisión del bloqueador tomó 20 minutos y uno ya se quiere ir. Como después de cuatro horas, usted llega a su casa, empaquetado, con los pies cansados… pero ahí no termina nada. Al contrario, las compras eran –solamente- el comienzo.
En la mente, uno ya ha preparado la maleta y uno está casi seguro de que todo cabrá en la maleta. Uno saca la maleta ¡DE UN CONTENTO! Camina hasta su cuarto, pone la maleta en la cama y apenas que va a comenzar a empacar, su mamá ha aparecido de la nada y le dice: “¡¿Y usted piensa viajar con esa maleta que no tiene ningún cierre?!” Uno mira a la mamá y le dice, sabiendo que después de la barbaridad que uno va a decir ella le va a contestar de esa peculiar manera, “Pues… es que no hay otra.” La mamá le desheredó con la mirada y le ha sacado cuanta maleta hay y uno… uno sonríe y comienza a ver cual le puede servir. Resulta que la que le sirve tiene adentro unas cajas donde están guardados los adornos de las navidades pasadas que ya no sirven pero que toda mamá no regala porque algún día servirán.

Entonces uno agarra la maleta que uno piensa que es lo suficientemente espaciosa para llevar todo lo que lleva. Uno coge esa maleta y comienza a meter cosas, y cosas. Hasta que llega un momento en el que la maleta está a punto de estallar y… y medio botiquín de aseo personal está a afuera. Uno se comienza a estresar. Así que las cosas pasan de una maleta a otra hasta que, después de hora y media, uno deduce que debe sacar cosas de la maleta. Sin embargo, uno no encuentra qué sacar. ¿Pero qué es lo tan importante que se lleva?
Cuando uno empaca para un viaje (sea cual sea el motivo), uno siempre saca la ropa del día del viaje a un lado. En mi caso, se mete a la maleta la del otro día, junto con una piyama, una toalla, los underwear, la ropa con la que se va a sentir más cómodo al trabajar, dos pares de zapatos y otra ropa porque UNO NUNCA SABE. Además, de otros underwear porque… ¡UNO NUNCA SABE! El botiquín de aseo personal incluye jabón, papel higiénico, talcos, desodorante, crema de dientes, shampoo, tampones, splash, bloqueador, crema para el cuerpo, maquillaje, crema para desmaquillar, gel desmaquillador, pañitos de bebe o desmaquilladores, gel para después del sol, crema para peinar, y gel antibacterial. Además, unos juegos para que en algún momento se mate el aburrimiento. Obvio, olvido la ropa de trabajar que, en mi caso, era un disfraz de duende.
Así que uno comienza a preguntarse qué es útil y qué no. Los juegos definitivamente no eran útiles (pero uno siempre cambia de opinión cuando se encuentra con los famosos trancones que dejan las fuertes lluvias), y de ahí para allá, toca sacar una que otra prenda de vestir y los zapatos que posiblemente serán útiles, pero uno verá como ingeniárselas en el viaje. Así que después de sacar una y otra cosa, la maleta sigue llena y es IMPOSIBLE sacar más. Así que uno decide llevar no una sola maleta sino dos. En mi caso, en una maleta iba la ropa, y en la otra, iba el botiquín de aseo personal. Por más que se intentó meter un juego no se pudo. No hubo poder humano que hiciera meter un solo juego. Ya no se llevan zapatos, ya le toca a uno con las pinches sandalias con las que se viaja estar durante todo el viaje. Después de dos horas, las maletas quedan arregladas y uno, uno contento se duerme.
A la mañana siguiente, ¡Oh sorpresa! Uno ha olvidado meter el verdadero botiquín, si, el de los primeros auxilios…