21 sept 2010

CRIMENES PERFECTOS

Iba en la ventana del bus, y de casualidad me tope con mis pensamientos. Al recordar lo que había hecho ese día, no pude evitar soltar una sonrisa de Grinch y una pequeña risa invadió mi asiento. A mi lado venía un anciano, quien me miró y me dijo: "El que solo se ríe de sus picardías se acuerda". ¡Yo le miré y liberé tremenda carcajada! Había cometido una fechoría en la Universidad, o como muchos le decimos, un crimen perfecto. 

¿Quién no los ha cometido? Personalmente, los cometo casi todos los días. Mis sentidos se agudizan, la adrenalina corre por todo mi cuerpo, y una risa medio malévola sale de mis entrañas… ¡y hasta tengo cómplices! ¡Sí! ¡Son quienes me dan las agallas para cometerlos! Y es que los crímenes perfectos van desde esfumarse de clase y del trabajo para asediar a alguien, hasta fingir que se está padeciendo de agrieras para no presentar algún examen. 

Lo peor de todo, es que hay quienes los cometen y no los aceptan. Como somos muchos que, a mucho honor, los aceptamos y más de una vez nos ven solos, carcajeados recordando esas travesuras que hicimos algún tiempo atrás. Muchas de ellas muy inocentes, otras tan pesadas de contar que es mejor dejarlas en el interior de nuestros pensamientos, sonrojarnos al recordarlas y asomar una sonrisa pícara.

Si, no lo nieguen. Todos hemos cometido crímenes perfectos. Esos crímenes de los cuales hemos sacado el mejor provecho, ya sea para sentir un alto grado de adrenalina, de placer o de júbilo. ¡¿O que me dicen de esconderle algo a un amigo, y disfrutar del afán que le da por no encontrarle?! ¡¿O hacerle la famosa “empanada” y hacerse el pendejo cuándo pregunta “Quién fue”?! Yo ruego por no herniarme de la risa en frente del sujeto. 

También he sido cómplice de ellos. El otro día me tocó divisar por la ventana de un bus, a un niño que se sacó un moco de la nariz, ¡si un moco! Eso no es lo peor, como no podía quitárselo del dedo, se lo ha pegado a otra nena de la ruta sin que ella se diera cuenta… ¡¡¡¡EWWWW!!! Lo único que pude hacer fue reírme. Así mismo, el otro día tuve que aguantarme la travesía de cierta señorita que siguió al novio en carro prestado. La pobre llegó más desilusionada porque no lo vio haciendo nada malo… ¿Pueden creerlo?

No se hagan los inocentes. Si más de uno cuando pequeño le alzó la falda a la niña que más le gustaba, o a la que más odiaba. Más de uno escupió en alguna comida y se la entregó a alguien de pura venganza. Y es que si hablamos del viejo dicho “ojos que no ven corazón que no siente”... ¡¿Qué me dicen de dejar caer la comida al suelo y dársela a otro que le cae mal?! O ¿¡Echar a la comida un bichito o algo para no pagar la cuenta?! Más bien ¡¿Dársela a otro para que se la coma?! ¡EWWW!

La otra noche escuche a cierto paico por ahí mentir sobre una fiesta en casa de no sé quién en no sé dónde… Es que no nos digamos mentiras. Cada quien en algún momento ha tenido que decir este tipo de mentiras… alguna vez tuvo que haber ido a una fiesta sin permiso y la pasó tan BIEN, que no le importó el regaño. Como es mejor pedir perdón que permiso. Que me dicen de esas fiestas que duran toda una noche y llega uno muy a las 6:00 am (Por no decir 8:00 am) ido del carajo, caminando en punticas e intentando sostenerse, sin hacer el más mínimo ruido para poder llegar a su cuarto y tirarse a la cama así, tal cual, como llegó. Personalmente he llegado con los tacones en una mano y con la otra en la boca para no reírme, y al sentir a mis padres despiertos, salir corriendo a mi cuarto…

¡No se hagan! Más de uno ha cometido un crimen perfecto. Esos que siempre han quedado en nuestros recuerdos como… “¡Ese día la pasamos de lo mejor!” Esos… que con delicia siempre quedarán en uno y a medida que uno crece, se ríe como si hubiera comido el manjar de su vida… y como sé que más de uno los ha cometido, ¿Por qué no me hablan de ello? Cuéntenme, ¿Cuál ha sido su crimen perfecto?

15 sept 2010

R.I.P.... Extrañándote

Sus pies estaban en la arena mojada por el agua de mar. Hundidos, sucios, pintaban el ocaso de un quien ya no soñaba sino que daba los mejores consejos para seguir una vida digna. Sus manos, fundidas entre la arena se exfoliaban mientras sentían correr la sangre por sus venas. Sus ojos, cansados ya, miraban el paisaje azul, que se tornaba dorado gracias a los despampanantes rayos de ese sol veraniego que decía adiós. Pensativos, miraron a una flamante pareja que paseaba tomada de las manos… 

Sus ojos miraron al frente a aquella estrella que poco a poco se iba escondiendo entre el mar. Su sonrisa agotada de tantos veranos se iluminó al sentir de nuevo la arena en sus pies y manos. Agarró un puñado de arena y se exfolió sus brazos. Sus manos temblaban, pero aún así era feliz. 

Yo estaba a su lado. ¡Feliz! Estaba de nuevo a su lado. La podía sentir cerca, con su aroma a channel caro, su cabello otoñal, sus manos delicadas... Cerré mis ojos e intenté acariciarle pero no pude moverme. Ella estaba a mi lado y no podía darle un abrazo… ella, por fin, sentía todo su ser a mi lado, de nuevo, como cuando era pequeña. Ella, quien me hizo cogerle amor a los cuentos de fantasía; quién jugaba conmigo parqués, rumi Q y cartas; ella, la que en realidad me vio crecer y quien siempre fue mi refugio… estaba de nuevo a mi lado, pero esta vez, no sería yo quien decidiera el momento de nuestro encuentro, sería ella, quien lo hiciese… 

Ella me miró con sus ojos cafés. Me sonrío y cantó aquello que jamás se me va a olvidar: “Abuelita, ¿Qué hora son?” Yo sonreí, y pude sentir mis lágrimas rodando por mi cara. Ella me iba a tocar, pero jamás tuve la oportunidad de volver a sentir sus dulces manos en mi cara, secando mis lágrimas; jamás tuve la oportunidad para decirle lo mucho que la quería; jamás… La alarma de la mañana volcó mis sueños, se la llevó lejos, y yo quedé con un vacío en el alma... 

6 sept 2010

Amores Imposibles

Soy tan profesional en el tema...


Hay amores de amores. De esos que un@ ve y se queda boquiabiert@, mirando, añorando, y el tiempo se detiene, hasta transcurre en cámara lenta... claro, esas escenas van seguidas de algún mal augurio como un tropezón, una caída o hasta un encuentro con una pared (de esos que lo ponen a sangrar a uno y hace uno la boleta en el lugar). ¡Esos amores! Los que alguna vez lo dejaron a uno sin sueño en las madrugadas, que nos hacían perder el examen de español, o de religión, o lo que fuera... ¡Esos amores! Los que uno soñaba tener, uno quería tener, y al más mínimo indicio de amabilidad, caíamos a sus pies... ¡Vaya amores! Esos con los que uno fantasea, se enamora una y otra vez, pero jamás, jamás logras que haya algo con esa persona... Son esos amores, los imposibles.

Y es que en el tema soy una profesional porque siempre que me gusta alguien o por lo menos que medio me atraiga, nunca llega a un vivieron felices sino que más bien son horas de interminables fantasías que comienzan en mi mente y terminan escritas en una paila de hojas que pronto se convierten en un cuento y que más tarde será enterrado en el último rincón de la basura... ¡Toda mi vida he tenido amores imposibles! Sin contar los platónicos, ¡bueno!


Este año no es la excepción. Hace mucho rato, como ya he dicho anteriormente, no dejaba entrar ni una pizca de ilusión en mi corazón. Sin embargo, a medida que envejezco, me voy dando cuenta que sí quiero seguir siendo una adolescente, y que quiero sentarme horas a mirarlo en la Universidad y comenzar a fantasear con él. Fantasear porque, lo admito, no tengo la más mínima oportunidad pues tiene novia y no tengo mucho que ofrecerle (es un estudiante modelo, es interesante, tiene una voz...). Así que la cosa comienza a ser imposible. Lo peor de todo es que en serio comienzo a comportarme como una nena pequeña y comienzo a seguirlo a todo lado (menos mal no me le sé el horario).

Volviendo al tema de los amores imposibles. Yo no sé porque pasa esto, pero cada vez que uno sabe que son imposibles, ¡MÁS LE GUSTAN A UNO! Más los seguimos, más queremos olerlos, mirarlos, sentirlos, secuestrarlos, y, si es posible, besarlos. Yo me conformo con poder hablarle toda una tarde. Claro, porque uno aprovecha para mirarlo, olerlo, sentirlo, secuestrarlo y besarlo (obvio, en la imaginación). Y es que sus manos, su voz, sus labios, su sonrisa, su todo hacen que uno, en serio, tome la descabellada idea de querer saber todo su itinerario... y termina uno yendo con los amigos cómplices a cuanta reunión, clase, examen, laboratorio de ingeniería, mejor dicho, cualquier actividad con un solo fin, ¡VERLO! Porque de clases y laboratorios he aprendido NADA.

Lo peor de todo es cuando uno está súper desarreglado, con cabello alborotado, zapatos sucios, la maleta no le combina nada con la ropa que lleva puesta, no se tiene aretes puestos, se tiene cara de levantada y... ¡TE LO ENCUENTRAS! Ese día, te saluda, te sonríe, es más, hasta te da un beso en la mejilla y ¡TU NI SIQUIERA TE ECHAS SPLASH! o por lo menos algo para oler a ¡pachulí! A todos nos pasa... si, no se rían.

Y ni hablar de todas las locuras que uno hace para poder verle. Personalmente, he agarrado a mi mejor amiga del brazo y la he zamaqueado para poder verlo y no gritar su nombre (porque aquí entre nos, es lo primero que se me ocurre), y así concluir con un "Mirálo, Osorio, mirálo... mmmm PAPACITO!" Además, me he escapado de sentarme a su lado con cara de "yo no fui" a simplemente mirarlo, porque ha decir verdad, NO me sale una conversación interesante e inteligente a su lado. De lo que no he tenido escapatoria es de buscarle por toda la Universidad... claro, mi travesía tiene un partícipe, el amigo con quien más complicidad tengo (esos que te pegan grito de plazoleta y que no les da pena de nada)... ¡Vaya amores! El mío es un ingeniero que es un paladín de la comunidad universitaria, que tiene novia, y que JAMAS me va a parar bolas, si a duras penas me dice "HOLA".

No sé porque he llegado al punto en que mi mente no quiere procesar nada, salvo una idea para poder acercarme a él. Y en aras de la entrega del anteproyecto, mis pensamientos se centran en él más que en Martín - Barbero, Guillermo Orozco, Sunkel, y el consumo cultural en América Latina... Les cuento que hoy, no he pensado en mi tesis, sino en por qué, cómo, cuándo, y dónde me lo puedo encontrar. Hasta ahora, lo único que sé es que los lunes, a eso de las 10:30 a.m, entra a clase en algún laboratorio del primer piso del sótano, que almuerza en la cafe del tercer piso, y que los viernes ve clase a las 9:00 a.m (entró a la Universidad a la misma hora que yo el viernes, ¡bueno!)...

Acabo de caer en cuenta, que ya es hora de dormir. El problema es que desde hace días, me ha costado trabajo dormir porque él está en mis pensamientos. Sin embargo, sé que si no hago algo por dormir, mañana no podré tener todas las energías para trabajar en las video-entrevistas... Buenas noches.