Iba en la ventana del bus, y de casualidad me tope con mis pensamientos. Al recordar lo que había hecho ese día, no pude evitar soltar una sonrisa de Grinch y una pequeña risa invadió mi asiento. A mi lado venía un anciano, quien me miró y me dijo: "El que solo se ríe de sus picardías se acuerda". ¡Yo le miré y liberé tremenda carcajada! Había cometido una fechoría en la Universidad, o como muchos le decimos, un crimen perfecto.
¿Quién no los ha cometido? Personalmente, los cometo casi todos los días. Mis sentidos se agudizan, la adrenalina corre por todo mi cuerpo, y una risa medio malévola sale de mis entrañas… ¡y hasta tengo cómplices! ¡Sí! ¡Son quienes me dan las agallas para cometerlos! Y es que los crímenes perfectos van desde esfumarse de clase y del trabajo para asediar a alguien, hasta fingir que se está padeciendo de agrieras para no presentar algún examen.
Lo peor de todo, es que hay quienes los cometen y no los aceptan. Como somos muchos que, a mucho honor, los aceptamos y más de una vez nos ven solos, carcajeados recordando esas travesuras que hicimos algún tiempo atrás. Muchas de ellas muy inocentes, otras tan pesadas de contar que es mejor dejarlas en el interior de nuestros pensamientos, sonrojarnos al recordarlas y asomar una sonrisa pícara.
Si, no lo nieguen. Todos hemos cometido crímenes perfectos. Esos crímenes de los cuales hemos sacado el mejor provecho, ya sea para sentir un alto grado de adrenalina, de placer o de júbilo. ¡¿O que me dicen de esconderle algo a un amigo, y disfrutar del afán que le da por no encontrarle?! ¡¿O hacerle la famosa “empanada” y hacerse el pendejo cuándo pregunta “Quién fue”?! Yo ruego por no herniarme de la risa en frente del sujeto.
También he sido cómplice de ellos. El otro día me tocó divisar por la ventana de un bus, a un niño que se sacó un moco de la nariz, ¡si un moco! Eso no es lo peor, como no podía quitárselo del dedo, se lo ha pegado a otra nena de la ruta sin que ella se diera cuenta… ¡¡¡¡EWWWW!!! Lo único que pude hacer fue reírme. Así mismo, el otro día tuve que aguantarme la travesía de cierta señorita que siguió al novio en carro prestado. La pobre llegó más desilusionada porque no lo vio haciendo nada malo… ¿Pueden creerlo?
No se hagan los inocentes. Si más de uno cuando pequeño le alzó la falda a la niña que más le gustaba, o a la que más odiaba. Más de uno escupió en alguna comida y se la entregó a alguien de pura venganza. Y es que si hablamos del viejo dicho “ojos que no ven corazón que no siente”... ¡¿Qué me dicen de dejar caer la comida al suelo y dársela a otro que le cae mal?! O ¿¡Echar a la comida un bichito o algo para no pagar la cuenta?! Más bien ¡¿Dársela a otro para que se la coma?! ¡EWWW!
La otra noche escuche a cierto paico por ahí mentir sobre una fiesta en casa de no sé quién en no sé dónde… Es que no nos digamos mentiras. Cada quien en algún momento ha tenido que decir este tipo de mentiras… alguna vez tuvo que haber ido a una fiesta sin permiso y la pasó tan BIEN, que no le importó el regaño. Como es mejor pedir perdón que permiso. Que me dicen de esas fiestas que duran toda una noche y llega uno muy a las 6:00 am (Por no decir 8:00 am) ido del carajo, caminando en punticas e intentando sostenerse, sin hacer el más mínimo ruido para poder llegar a su cuarto y tirarse a la cama así, tal cual, como llegó. Personalmente he llegado con los tacones en una mano y con la otra en la boca para no reírme, y al sentir a mis padres despiertos, salir corriendo a mi cuarto…
¡No se hagan! Más de uno ha cometido un crimen perfecto. Esos que siempre han quedado en nuestros recuerdos como… “¡Ese día la pasamos de lo mejor!” Esos… que con delicia siempre quedarán en uno y a medida que uno crece, se ríe como si hubiera comido el manjar de su vida… y como sé que más de uno los ha cometido, ¿Por qué no me hablan de ello? Cuéntenme, ¿Cuál ha sido su crimen perfecto?
